Así es un privilegio

Así es un privilegio

05/30/2018Jeff Deist

Imaginad una forma de dinero casi mágica, una que todos necesiten en el mundo y de la que quieran más. Imaginad que ese dinero estuviera en grandes cantidades en los bancos centrales y en los bancos comerciales de todo el mundo y también que se prestara con esa denominación por defecto en la mayoría de los instrumentos de deuda. Imaginad que ese dinero fuera usado casi exclusivamente por gobiernos, empresas y personas en todo el planeta a la hora de comprar petróleo y liquidar transacciones internacionales. Imaginad que ese dinero se emite a capricho por parte de un banco central y un Tesoro públicos y aun así se usara y aceptara a cambio de bienes reales y servicios en todo el mundo. Imaginad que ese gobierno fuera capaz de gastar desbocadamente, tomar dinero prestado y devolverlo a tipos de interés cada vez más bajos usando de nuevo el dinero que solo él produce. Y finalmente, imaginad una disposición política que perpetúe todo, creada delante del telón de fondo de un orden emergente de posguerra liderado por una nueva superpotencia militar y nuclear dominante.

Podríamos llamar “privilegio” a toda esa disposición, que es exactamente lo que disfruta hoy cualquier estadounidense al que se le pague en dólares de EEUU (o tenga activos denominados en dólares de EEUU).

Henry Hazlitt, entonces un importante columnista financiero del New York Times, no se hacía ilusiones acerca de lo que iba a significar el acuerdo de Bretton Woods de 1944. Sabía que crearía un sucedáneo de patrón oro, daría a Estados Unidos una influencia desmedida en los asuntos mundiales y llevaría a una inflación destructiva y al fin de cualquier cosa que se pareciera a una moneda fuerte en la economía global. Lo peor de todo es que veía cómo Bretton Woods relacionaba a todos los grandes gobiernos y bancos centrales de todo el mundo en una nefasta unión monetaria, en la que un control juicioso y prudente en de las divisas nominalmente soberanas las pondrían en desventaja frente al dólar de EEUU.

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Estados Unidos, entendía Hazlitt, podía ahora exportar inflación.

Bajo Bretton Woods, todo el mundo necesitaba dólares, igual que antes necesitaba oro. Valéry Giscard d'Estaing, expresidente de Francia y en su momento ministro de finanzas de Charles de Gaulle, calificaba la situación posterior a Bretton Woods como un “privilegio exorbitante” para Estados Unidos. Entendía que este privilegio concedía a Estados Unidos poder y prestigio económicos más allá de los que merecía realmente.

Con unos pocos peniques, el Tesoro de Estados Unidos podía fabricar un billete de 100$, pero el resto del mundo tenía que intercambiar bienes y servicios reales para conseguirlo.

Lo que tal vez no podía haber imaginado es el poder militar, geopolítico y cultural que acumularía Estados Unidos a lo largo del siguiente medio siglo. Bajo la poco sagrada trinidad del Banco de la Reserva Federal, el Tesoro de EEUU y el Congreso de EEUU, el estado estadounidense creció hasta convertirse en el gobierno más grande y poderoso de la historia de la humanidad. Ninguna cantidad de prodigalidad fiscal se permite que dañe al mercado de la deuda del Tesoro de EEUU, ni siquiera cuando el derrochador Congreso tendría que ser tratado como una república bananera y acusado de emitir bonos basura para inversores de alto riesgo.

¿Qué significa que el dólar de EEUU sea la divisa mundial de reserva? Significa una posición privilegiada para Estados Unidos en el mundo y un nivel inmerecido de bienestar económico y material. Pone a otros bancos centrales en la posición incómoda de mantener enormes reservas de dólares de EEUU y por tanto de sufrir si el dólar se viene abajo, aunque sus respectivos gobiernos y pueblos entiendan lo dañino que es para ellos el privilegio del dólar de EEUU tanto económica como geopolíticamente. Significa tener toda la fuerza del ejército y el arsenal nuclear de EEUU actuando como respaldo de ese privilegio. Y significa una forma de intervencionismo monetario de hecho en todo el mundo.

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A los ojos del Estado, ahora todos somos (bots) rusos

En septiembre pasado, el Consejo Atlántico neoconservador publicó un documento muy informativo. En relación con esta institución se encuentran figuras públicas tan importantes como Collin Powell, Condoleezza Rice y Henry Kissinger. El documento, escrito por John T. Watts, resume las principales conclusiones extraídas en la Conferencia de Desafíos Soberanos de este año en Washington, DC. El texto permite una mirada profunda en algunas de las mentes de la elite estadounidense y sus aliados. Por lo tanto, su lectura es muy recomendable. El lector inclinado, sin embargo, a veces debe pasar por alto las frases vacías y la retórica distraída para llegar al meollo de la cuestión.

En su esencia, se trata de mantener el poder. Según Watts, el gran problema es la «desinformación», que se difunde a través de medios nuevos y alternativos. Desestabiliza las instituciones públicas y en el peor de los casos socava la soberanía del estado. Esto debe ser prevenido.

Los neoconservadores son plenamente conscientes de que, en última instancia, cualquier sistema estatal depende de la confianza de sus ciudadanos. La confianza es la base para el funcionamiento de las instituciones estatales. Sin embargo, las nuevas tecnologías de la comunicación han permitido a las corrientes «ideológicas extremistas» difundir sus mensajes tóxicos y privar a las personas de la confianza en las instituciones existentes. Es precisamente esta pérdida de confianza por parte de los ciudadanos la que pone en peligro la soberanía del Estado.1

El flujo de información en la era de Internet juega un papel decisivo porque hace posible, en primer lugar, una «desinformación» dirigida por grupos pequeños pero bien organizados. Conduce a la exageración, el aislamiento y la parcialidad dentro de la propia "cámara de eco". Según Watts, la disponibilidad repentina de grandes cantidades de información puede sobrecargar a una sociedad. Demasiada información inútil y cualitativamente inferior puede llevar al aislamiento y la polarización. Las personas seleccionan específicamente sus fuentes de información y se limitan en el proceso. Incluso tienen que hacerlo en vista de las muchas alternativas disponibles para ellos. Pero al hacerlo, tienden a confiar en aquellas fuentes que confirman y refuerzan sus propios prejuicios.

Para subrayar la gravedad potencial de la situación, Watts se refiere al libro de Nate Silver, The Signal and the Noise, en el que se dibuja un paralelo entre la invención de la imprenta y el advenimiento de Internet. Esta analogía también fue retomada por el historiador escocés Niall Ferguson en su reciente libro The Square and the Tower.2 Ambos autores recuerdan que la invención de la imprenta no solo hizo posible la Reforma de la Iglesia Cristiana por parte de Lutero, sino que también proporcionó un poderoso medio de comunicación para muchos movimientos populistas y, desde el punto de vista de hoy, disuasor. Aquí, por ejemplo, uno puede referirse a la caza de brujas del período moderno temprano. Después de la Reforma de Lutero, Europa también se vio envuelta en siglos de guerras religiosas. ¿Algo similar nos amenaza hoy en la era de Internet? Está claro que también hoy en día las jerarquías y las estructuras de poder existentes se cuestionan y comienzan a fallar. Esto generalmente lleva a las viejas elites a dar todo para mantener su posición privilegiada.

Pero primero hay que aclarar quién está realmente detrás del espectro de la «desinformación». Watts se refiere no solo a todo tipo de "teóricos de la conspiración" como «truthers», «chemtrailers» o «anti-vaxxers», cuyo impacto político y social puede realmente dudarse, sino también a grupos terroristas islámicos o al servicio secreto ruso, que se dice que influyó en el resultado de las elecciones presidenciales estadounidenses a través de redes sociales tan poderosas como Facebook.

En este punto, sin embargo, debemos hacer una pausa por un momento. ¿Es la interferencia en los asuntos políticos de otros países un fenómeno exclusivamente ruso? No. Este ha sido siempre el caso en todas partes, especialmente en los Estados Unidos en la historia reciente. Entonces, si el servicio secreto ruso está detrás de una desinformación específica, ¿puede el establishment estadounidense realmente liberarse de él? Aquí, también, un claro no. Piense, por ejemplo, en la manipulación deliberada de la opinión pública antes de varias intervenciones militares en el Medio Oriente.

Para Watts se trata simplemente de qué narrativa domina y determina la opinión pública. La verdad es un término elástico, afirma. La pregunta es meramente: «¿De quién es la verdad?» Por lo tanto, no es más que una lucha por el poder. Desde este punto de vista, la desinformación es simplemente una verdad que se desvía de la propia verdad y debe ser combatida. La propia verdad se convierte en la desinformación del oponente. Por lo tanto, según Watts, se necesitan nuevos guardianes en el flujo moderno de información. La opinión prevaleciente debe volver a encarrilarse.

Lo bueno, sin embargo, es que Watts está mal. La verdad no es subjetiva. Es, en todo caso, muy limitada en elasticidad. Y si resulta que la narrativa tan dominante hasta ahora del establecimiento estadounidense ha forzado la verdad en un momento u otro, es una bendición que la tecnología de comunicación moderna permita señalar esto de manera crítica y efectiva. Solo podemos esperar que la tecnología siempre se mantenga un paso por delante de los reguladores y guardianes, y que los ciudadanos finalmente confíen en la narrativa más cercana a la verdad.

  • 1. La pérdida de confianza se refleja, por ejemplo, en el Barómetro de Edelman Trust: Informe global de este año. Curiosamente, India, por ejemplo, tiene un índice de confianza más alto que los EE. UU.
  • 2. Se remite al lector interesado a la revisión del libro de Ferguson realizada por el Dr. David Gordon.
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El mercado de deuda corporativa: ¿Se está tambaleando en el borde?

Jeff Peshut responde a la pregunta que se ha discutido ampliamente en los medios de comunicación últimamente: ¿Existe realmente una burbuja de deuda corporativa que esté lista para estallar?

Para desentrañar el misterio, Peshut compara los movimientos en el agregado monetario de Rothbard-Salerno Oferta Monetaria Real (TMS, por sus siglas en inglés) con los movimientos de la deuda de las empresas corporativas desde 1978 hasta 2017. Al final de 2017, la deuda de las empresas corporativas era de $29,1 mil millones o aproximadamente $10 billones por encima de su canal posterior a la crisis en a finales de 2009. El TMS alcanzó su valor cíclico de $5,1 billones a fines de 2006 y aumentó a $13,1 billones, un aumento impresionante de 156,9% para fines de 2017. Para fines de comparación, durante la burbuja inmobiliaria el TMS incrementado en «solo» 70%, de $3 billones a $5,1 billones de 2000 a 2006. La tasa de crecimiento interanual (YOY, por sus siglas en inglés) del TMS ha caído de más del 7% en 2016 a menos del 4% al final de 2017. El enorme aumento en la oferta monetaria a partir de 2009 nos llevaría a sospechar que existe una sobrevaluación sistémica de los mercados de activos que tarde o temprano llegará a un mal final. Pero la pregunta del billón de dólares es, por supuesto: ¿cuándo?

Con respecto al mercado de deuda corporativa, Peshut nos da un pronóstico convincente e informado. Encuentra que en los últimos tres ciclos de crédito completos, desde 1994 hasta 2009, la depresión en la tasa de crecimiento YOY del TMS ha precedido a la depresión en la tasa YOY de crecimiento de la deuda empresarial corporativa en aproximadamente tres años en cada caso. Dado este retraso de tres años, incluso si el TMS ya ha llegado a su punto mínimo, Peshut concluye que las afirmaciones de que la burbuja de la deuda corporativa está a punto de estallar son prematuras y el escenario más probable es que la burbuja explote en 2021 o 2022.

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Trump es el político honesto raro sobre la deuda de EE.UU

12/06/2018Tho Bishop

Una vez más, la presidencia de Donald Trump ha hecho un gran trabajo al resaltar la hipocresía y el engaño de la burbuja de la circunvalación.

Una historia reciente del Daily Beast informa que Trump está frustrando a los asesores con su apatía hacia los actuales déficits billonarios de dólares que salen de Washington.

Desde la campaña presidencial de 2016, los ayudantes y asesores de Donald Trump han tratado de convencerlo de la importancia de enfrentar la deuda nacional.

Fuentes cercanas al presidente dicen que se ha encogido de hombros en repetidas ocasiones, lo que implica que no tiene que preocuparse por el dinero que se le debe a los acreedores de Estados Unidos, actualmente de alrededor de $21 billones, porque no estará cerca para asumir la culpa cuando llegue el momento. más insostenible.

La fricción llegó a un punto crítico a principios de 2017 cuando los funcionarios superiores ofrecieron tablas y gráficos de Trump en los que se mostraban los números y se mostraba un pico de «palo de hockey» en la deuda nacional en un futuro no muy lejano. En respuesta, Trump señaló que los datos sugerían que la deuda alcanzaría una masa crítica solo después de su posible segundo mandato en el cargo.

"Sí, pero no estaré aquí", dijo el presidente sin rodeos, según una fuente que estaba en la sala cuando Trump hizo este comentario durante las discusiones sobre la deuda.

La falta de preocupación de Trump por la deuda no debería ser sorprendente. Como candidato, se jactó de su deseo de preservar varios programas de beneficios y, al mismo tiempo, prometió aumentos significativos en el gasto militar, una promesa que ha cumplido. Lo que no se dice en el informe es que el objetivo de al menos algunos de los asesores de Trump fue, sin duda, alentar al presidente a adoptar alguna forma de aumento de impuestos. Sabemos, por ejemplo, que el secretario del Tesoro Steve Mnuchin ha alentado a Trump a adoptar un impuesto al valor agregado en el pasado, una política que sería particularmente dañina para la clase media y baja de Estados Unidos.

Sin embargo, lo que es más cómico es la burla resultante de los expertos de DC y los enemigos políticos que actúan como si la opinión de Trump sobre la deuda fuera una nueva amenaza radical para la estabilidad estadounidense. En contraste, todo lo que Trump está haciendo es ser honesto acerca de los puntos de vista de casi todos los que han servido en Washington durante las últimas décadas. Si bien a los políticos de ambos partidos les encanta prestar atención a la "responsabilidad fiscal", lo más cercano que hemos llegado a una acción significativa sobre la restricción presupuestaria fue el secuestro presupuestario de 2013. Por supuesto, esos recortes a los aumentos de gasto futuros (no deben confundirse con recortes de gastos reales) se implementaron simplemente debido a la inacción de los legisladores federales y se enfrentaron a una condena instantánea de ambos partidos.

Esta no es la primera vez que la verdad de Trump sobre la deuda ha arrojado a políticos y expertos opuestos a un tizzy. En la campaña electoral, Trump fue acusado de amenazar al armagedón financiero cuando sugirió que Estados Unidos podría incumplir con su deuda. Lo que debería ser obvio para cualquiera que haya prestado una atención incluso pasiva a la política estadounidense es que el incumplimiento de los EE.UU. es inevitable. La única pregunta es qué forma tomará.

Uno de los mitos más grandes en DC es que Estados Unidos nunca ha incumplido con su deuda, algo que el presidente de la Fed Jerome Powell repitió no hace mucho en una audiencia en el Congreso. Por supuesto esto es simplemente absurdo.

Como James Grant y otros historiadores financieros han explicado, el gobierno federal ha incumplido en numerosas ocasiones en su historia, la más reciente de las cuales ocurrió cuando Richard Nixon cerró la ventana de oro. En ese caso, el gasto fuera de control, liderado por la guerra de Vietnam y la Gran Sociedad de LBJ, llevó a los Estados Unidos a incumplir sus obligaciones con los gobiernos extranjeros, pagando sus préstamos con dólares valorados en mucho menos de los $35 por onza que les prometieron.

Esta forma de impago monetario puede ser el futuro del dólar, un resultado del que Ron Paul nos advirtió durante mucho tiempo.

Otra opción, una que Murray Rothbard propuso, es el simple repudio de la deuda. Como escribió en 1992, cuando la deuda de EE. UU. Era de unos pintorescos $ 4 billones:

Propongo, entonces, una forma aparentemente drástica pero en realidad mucho menos destructiva de pagar la deuda pública de un solo golpe: el repudio absoluto de la deuda. Considere esta pregunta: ¿por qué los ciudadanos pobres y maltratados de Rusia o Polonia u otros países ex comunistas deben estar sujetos a las deudas contraídas por sus antiguos amos comunistas? En la situación comunista, la injusticia es clara: que los ciudadanos que luchan por la libertad y por una economía de libre mercado deben pagar impuestos por las deudas contraídas por la monstruosa clase dominante. Pero esta injusticia solo difiere por grado de la deuda pública "normal". Porque, a la inversa, ¿por qué el gobierno comunista de la Unión Soviética había estado obligado por las deudas contraídas por el gobierno zarista que odiaban y derrocaban? ¿Y por qué deberíamos nosotros, los ciudadanos estadounidenses que luchan hoy en día, estar sujetos a deudas creadas por una elite gobernante anterior que contrajo estas deudas a nuestra costa? Uno de los argumentos convincentes en contra de pagar a los negros "reparaciones" por la esclavitud pasada es que nosotros, los vivos, no somos dueños de esclavos. Del mismo modo, nosotros los vivos no contratamos ni el pasado ni el presente de las deudas contraídas por los políticos y burócratas en Washington.

Rothbard continúa sugiriendo que una reestructuración de deuda más tradicional, similar a lo que Trump mencionó durante su campaña, también podría ser una opción si se considera que el repudio absoluto es "demasiado draconiano".

El Estado es una organización, ¿por qué no liquidar los activos de esa organización y pagar a los acreedores (los tenedores de bonos del Estado) una acción prorrateada de esos activos? Esta solución no le costaría nada al contribuyente... El gobierno de los Estados Unidos debería verse obligado a desprenderse de sus activos, venderlos en una subasta y luego pagar a los acreedores en consecuencia... Esta combinación de repudio y privatización ayudaría mucho. para reducir la carga fiscal, establecer la solidez fiscal y desocializar a los Estados Unidos.

Peter Klein también ha escrito sobre la hiperventilación absurda en la circunvalación cuando alguna vez se sugiere tal idea:

La idea de que EE. UU. Nunca puede reestructurar o incluso repudiar la deuda nacional, que los bonos del Tesoro de los EE. UU. siempre deben ser tratados como una inversión única y mágica "sin riesgo", es, en el mejor de los casos, tremendamente especulativa y, en el peor de los casos, ridícula. Todas las demás entidades prestatarias (individuos, empresas comerciales y estados) tienen la opción de renegociar los pagos de intereses e incluso incumplir con los préstamos. No es un evento extraordinario, incluso para los préstamos soberanos, es por eso que los prestamistas cobran una prima de riesgo más allá del rendimiento que requieren para compensar la preferencia de tiempo.

Hay mucha evidencia sobre los incumplimientos privados, corporativos y soberanos, y los resultados no son catastróficos. Dependiendo de las circunstancias, los beneficios de reducir la deuda pueden superar los costos de dañar la reputación del prestatario y, por lo tanto, aumentar los costos de préstamos futuros. Cualquier persona que haya pasado por una bancarrota personal o corporativa lo sabe.

Al final del día, los puntos de vista de Trump sobre el descarte de la deuda de Estados Unidos ilustran otro ejemplo del pensamiento económico miope. Es absurdo, sin embargo, tratar esto como un cambio radical de sus predecesores más "dignos" y "respetables". En cambio, al igual que sus opiniones sobre aranceles, política monetaria y gastos de defensa, el verdadero pecado de Trump es simplemente una continuación del statu quo sobre estos temas.

La diferencia es que Trump dice en voz alta la parte que los políticos deben mantener en silencio.

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Necesitamos un libre comercio unilateral con el Reino Unido posterior al Brexit

12/06/2018Ryan McMaken

Con el fin de alentar la oposición al Brexit, los activistas pro-UE han confiado en generar temor al sugerir que sin la membresía en la UE, el comercio británico sufrirá y los totales de exportación colapsarán.

Sin embargo, esto siempre ha sido un argumento poco convincente porque la membresía de la UE tiende a restringir la participación en el comercio global más de lo que lo realza. Incluso la UE admite que "el crecimiento de la demanda mundial proviene de fuera de Europa, y señala que se espera que el 90% del crecimiento económico global en los próximos 10 a 15 años se genere fuera de Europa, una tercera parte solo en China".

Además, la importancia de la UE como mercado de exportación para la UE ha ido disminuyendo en las últimas décadas. Hace 15 años, la UE representaba más del 50 por ciento de todas las exportaciones del Reino Unido. Para 2015, el número había disminuido a 44 por ciento, reflejando el cambio hacia mercados fuera de la UE.

Incluso los miembros principales de la UE, como Alemania, saben que el futuro real del comercio global se encuentra fuera de la UE. Como señaló Alasdair MacLeod el año pasado,

Con respecto al comercio, las políticas comerciales de Fortress Europe son cada vez más desventajosas para ella. Alemania ahora exporta más a China que a cualquier país europeo individual, beneficiando a las grandes empresas. El poder de las grandes corporaciones alemanas y su influencia en el gobierno federal no deben subestimarse. Ella ve en su flanco oriental, de lo que solía ser el territorio prusiano, un ave fénix panasiático que surge en la forma de la Organización de Cooperación de Shanghai (SCO), dirigida por Rusia y China. Y está creciendo.

Solo esta semana, India y Pakistán también se convirtieron en miembros de pleno derecho de la OCS, llevando la membresía de industrialización rápida a casi la mitad de la población mundial. La Ruta de la Seda está enviando mercancías a Europa y transportará Mercedes, BMW y VW de la otra manera. La demanda asiática de ingeniería alemana y equipo de capital es probable que se convierta en el mercado más grande, por mucho, en un futuro previsible.

En realidad, al permanecer en la UE, que está obsesionada con regular y controlar estrictamente el comercio con países fuera del bloque, el Reino Unido está limitando su propia capacidad para ser flexible con el resto del mundo.

Estos hechos, sin embargo, no son evidentes para el público en general en el Reino Unido o en cualquier otro lugar, y la idea de que el Reino Unido estará "aislado" de alguna manera sin que la UE continúe enloqueciendo.

Pero, ¿cómo ayudar a ilustrar que el Brexit realmente significa más apertura en el comercio?

Hay una manera fácil de ayudar con esto, por supuesto, y sería lo correcto hacer con o sin Brexit: los Estados Unidos deben adoptar de inmediato una posición de libre comercio unilateral con el Reino Unido.

Los Estados Unidos, por supuesto, deberían adoptar el libre comercio unilateral con todos, pero el Reino Unido es ciertamente un lugar aceptable para comenzar.

Sugiero que el Reino Unido sea un punto de partida porque el comercio abierto con Gran Bretaña es una venta fácil, políticamente.

Después de todo, abrir estratégicamente el libre comercio con el Reino Unido sería una opción fácil. Haría de los Estados Unidos un socio indispensable y solidificaría al Reino Unido como una parte importante de la economía norteamericana.

Además, cualquier afirmación de que el libre comercio unilateral con el Reino Unido está "enriqueciendo a nuestros enemigos" sería ridícula. El Reino Unido y los Estados Unidos han estado en paz durante más de 200 años. El libre comercio unilateral no conduce a la "explotación" de los Estados Unidos en cualquier caso, pero incluso si lo hiciera, esto no sería un tema de importancia militar.

Desde un punto de vista económico, por supuesto, el libre comercio unilateral siempre beneficia al país que lo adopta. Significaría menores costos de producción y bienes de consumo menos costosos para innumerables estadounidenses y empresarios. Incluso si el Reino Unido mantuviera los aranceles sobre los productos estadounidenses, el resultado final solo significaría productos más baratos para los estadounidenses y más inversión en los Estados Unidos por parte de las compañías británicas que cosechan las recompensas de vender más productos a los estadounidenses.

Las reclamaciones de que Estados Unidos se vería inundado con "productos baratos fabricados por mano de obra esclava", como algunos proteccionistas anti-China quieren reclamar, obviamente no serían sensatos. Las leyes laborales británicas son similares a las de América del Norte, y el costo de la mano de obra británica también es similar.

Además, cuando se trata de negociar con los británicos, es más difícil para los proteccionistas y los xenófobos capitalizar los impulsos nacionalistas para impulsar sus agendas. ¿Debemos creer realmente que deberíamos temer la explotación por parte de extranjeros de habla inglesa de altos ingresos que, por cierto, tienen un extenso historial de inversión en las industrias estadounidenses?

El mal manejo de Trump de la situación Brexit

Desafortunadamente, a pesar de su gran charla sobre la construcción de ventajas estratégicas para el gobierno de los EE. UU., Trump ha manejado mal la situación del Brexit y probablemente arruinará la oportunidad de atraer al Reino Unido a una mayor asociación con los EE. UU.

En lugar de utilizar Brexit como un medio para construir una mejor relación con el Reino Unido a expensas de los burócratas cuasi socialistas de la UE, Trump ha intentado aislar aún más al Reino Unido para forzar el consentimiento del Reino Unido a la campaña económicamente analfabeta de Trump contra el libre comercio.

Esto perjudica a los consumidores y productores estadounidenses, mientras que también puede ayudar a los políticos tanto en China como en la UE. Como lo señala Tomas Wright en Politico:

Un Reino Unido posterior al Brexit necesita relaciones cercanas con otros países importantes, y si Estados Unidos es difícil de tratar, se verá cada vez más tentado a una asociación económica más estrecha con China, que seguramente tendrá consecuencias políticas. El enfoque antagónico de Trump también juega en las manos del líder izquierdista de la oposición, Jeremy Corbyn, un crítico persistente de una alianza cercana entre Estados Unidos y el Reino Unido que probablemente aprovecharía la oportunidad para debilitar la relación especial.

Mi posición personal es que no es importante o en nuestro mejor interés participar en la postura de política exterior con China o cualquier otro país. La neutralidad política y el comercio abierto es siempre la mejor posición. Sin embargo, sí sé que Trump y sus aliados creen que jugar partidos con China y la UE son objetivos políticos importantes. Y en este sentido, el proteccionismo anti-Reino Unido de la administración es contraproducente.

Sin duda, los partidarios de Trump se apegarán a su pequeña narrativa en la que Trump está jugando ajedrez de cuatro dimensiones y tiene un gran plan que se adhiere a la UE y aumenta masivamente las exportaciones estadounidenses al Reino Unido al mismo tiempo.

Este es un sueño imposible, por supuesto, pero algunas personas parecen creerlo realmente.

Si la administración Trump fuera más sabia, buscaría el libre comercio unilateral no solo con el Reino Unido, sino con toda la anglosfera de Canadá, Australia y Nueva Zelanda. Tanto los beneficios económicos como los estratégicos serían sustanciales.

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Las Gigantes Tecnológicas tienen grandes problemas, pero una mayor regulación solo perjudicará a los consumidores

12/06/2018Zachary Yost

Las Gigantes Tecnológicas han enfrentado los pedidos de una mayor regulación y, a medida que sus empresas han crecido, también lo ha hecho la presión. Ahora esas demandas vienen del propio Silicon Valley. El CEO de Apple, Tim Cook, le dijo recientemente a Axios que, aunque apoya el libre mercado, es solo una cuestión de tiempo antes de que las gigantes tecnológicas estén restringidas. "Tenemos que admitir que el libre mercado no está funcionando. Y no ha funcionado aquí ", dijo Cook. "Creo que es inevitable que haya un cierto nivel de regulación". De hecho, una reciente encuesta de Axios reveló que el 55 por ciento de los estadounidenses "temen que el gobierno federal no haga lo suficiente para regular a las grandes empresas de tecnología". Esa cifra ha subido 15 puntos respecto al año pasado.

El problema es que, si se implementan, dichas regulaciones solo afianzarán a las empresas existentes y perjudicarán a los consumidores.

Como señala Axios, la regulación de las gigantes tecnológicas se han convertido en "un tema raro que une a republicanos, demócratas e independientes". En agosto, el representante Steve King, republicano de Iowa, planteó la idea de convertir a los gigantes de la tecnología en servicios públicos. En la izquierda, el escritor Richard Eskow fue aún más lejos al pedir que las empresas como Amazon y Google se nacionalizaran. El joven fanático de la derecha, Charlie Kirk, abogó recientemente por que Google se clasifique como un monopolio y la ley antimonopolio se aplique en su contra.

Es comprensible por qué tantos en el espectro político tienen inquietud acerca de las Gigantes Tecnológicas. Después de todo, tiene una inmensa cantidad de poder, especialmente con respecto a la información almacenada.

Pero una mayor regulación solo dará poder a las Gigantes Tecnológicas y la dejará menos responsable que antes. La "puerta giratoria", a través de la cual los funcionarios se mueven entre el gobierno y el sector privado, permite a las empresas influir fuertemente en la regulación. A veces incluso abogan por que se aumente la regulación como un medio para asegurar que las nuevas regulaciones funcionen en su beneficio. Cuando grupos como Negocios por un salario mínimo justo, cuyos miembros ya pagan a los empleados "muy por encima del salario mínimo", abogan por un aumento en el salario mínimo, no es por benevolencia hacia los trabajadores. Quieren forzar a sus competidores a pagar más con la esperanza de sacarlos del negocio. En economía, esto se conoce como captura regulatoria, una idea desarrollada por el premio Nobel George Stigler.

Otra táctica es hacer que el obstáculo regulatorio sea tan alto que asegure una nueva competencia y ahogue a las nuevas empresas en la cuna. Una empresa nueva en el sótano de alguien no puede pagar un ejército de abogados para navegar a través de una serie de regulaciones, como pueden hacerlo Google y Facebook.

Históricamente, las Gigantes Tecnológicas han tenido una intervención directa cuando se trata de cabildeo, pero eso está empezando a cambiar y los números lo demuestran. En 2017, Google, Amazon, Facebook y Apple gastaron más de $50 millones en cabildeo, un aumento del 32 por ciento para Facebook y un aumento del 51 por ciento para Apple. Para ser justos, eso es mucho menos que lo que otras industrias gastan en cabildeo, pero a medida que aumenta la regulación, espere ver a Las Gigantes Tecnológicas aumentar aún más su cabildeo y que se aplaque su competencia.

En un libre mercado, las empresas solo tienen el poder que los consumidores les dan cuando toman sus decisiones de consumo. Google, Facebook y Amazon son enormes y poderosos porque muchos eligen utilizar sus servicios. El economista Ludwig von Mises llamó a esto "soberanía del consumidor", escribiendo, "El capitán es el consumidor. Ni los empresarios ni los agricultores ni los capitalistas determinan lo que debe producirse. Los consumidores hacen eso". No importa qué tan grande sea una empresa, si no le da a los consumidores lo que quieren, eventualmente fallará. Sólo mira a Nokia. En 2007, la compañía controlaba casi el 50 por ciento del mercado mundial de teléfonos inteligentes. Para 2013, ese número había caído a menos del 5 por ciento. Se produjo un cambio tan drástico en la suerte porque los consumidores optaron por hacerlo realidad y porque otras empresas innovaron más para atraerlos.

Pero si las Gigantes Tecnológicas se afianzan y protegen de la competencia mediante la regulación, el poder del consumidor sobre ellos disminuye. Es una receta para la disminución de la innovación y el servicio al cliente. Las Gigantes Tecnológicas se mantienen alerta por el temor de convertirse en el próximo Nokia, por lo que gastan decenas de miles de millones de dólares cada año en investigación y desarrollo. Habrá mucho menos incentivo para hacerlo si saben que están a salvo de posibles advenedizos que los suplantan.

Las Gigantes Tecnológicas tiene grandes problemas, pero una mayor regulación solo conducirá a un mayor cabildeo, menos competencia y menos innovación. Los consumidores le han dado a las Gigantes Tecnológicas su poder, y mientras haya competencia y alternativas, también tienen el poder de quitárselo. Aferremonos a ese control en lugar de exigir que el Estado lo ejerza por nosotros.

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Para los intervencionistas del clima, los nuevos impuestos son solo el comienzo

[Nota del editor: Después de días de disturbios en las calles de París, el presidente francés Emmanuel Macron se vio obligado a retroceder hoy en los impuestos propuestos al gas. Si bien este episodio demostró la impopularidad de tratar de aumentar los impuestos para combatir el cambio climático, Robert Murphy, miembro principal del Instituto Mises, señaló recientemente en la IER que esto es solo el comienzo para los "intervencionistas del clima"]

Di lo que quieras sobre las discusiones sobre política climática en Vox, pero no escatiman palabras. Salen y te dicen cuánto quieren microgestionar hasta el último detalle de tu vida. El experto residente de Vox, David Roberts, entrevistó recientemente al estudioso político y autor Hal Harvey, para discutir qué áreas de la sociedad debería regular el Estado en nombre de la desaceleración del cambio climático. Todo estaba en la mesa, desde los códigos de construcción hasta la eficiencia del combustible para autos y la dieta hasta el tamaño de la familia, y el único debate fue sobre los resultados relativos de las diversas intervenciones.

Entre otros resultados, este vistazo a la mentalidad intervencionista debería servir como una llamada de atención para los pocos escritores que siguen haciendo un llamamiento encantador a los libertarios y conservadores para lograr un acuerdo de impuestos al carbono con los izquierdistas progresistas. Como la discusión de Roberts/Harvey dice claramente, un impuesto al carbono es solo una flecha en el temblor de quienes defienden la intervención agresiva del gobierno para frenar el cambio climático.

Un impuesto al carbono no es suficiente

Déjame validar primero el reclamo del impuesto al carbono. Aquí está el intercambio clave de la entrevista de Vox:

David Roberts: En estos días, las personas de todo el espectro político están hablando sobre los precios del carbono. ¿Cómo encaja dentro del esfuerzo más grande?

Hal Harvey: Lo que pasa con los precios del carbono es que es útil, pero no es determinante. Hay una serie de sectores que son impermeables al precio del carbono, o que están cerca de ser impermeables.

El precio del carbono funciona cuando forma parte de un paquete que incluye I + D y estándares de rendimiento. No funciona de forma aislada. Ayuda, pero no hace tanto como se requiere.

Harvey en otra parte de la entrevista critica explícitamente la retórica estándar de "solución de mercado" detrás de un impuesto al carbono cuando dice:

[Los estándares de desempeño exigidos por el Estado] tienen una mala reputación de un debate antiguo y completamente al revés sobre la política de "mandato y control". Pero utilizamos estándares de rendimiento todo el tiempo, y funcionan muy bien. Nuestros edificios no se queman mucho; solían quemarse todo el tiempo. Nuestra carne no está envenenada; solía estar envenenada, o no se podía decir. Etcétera. Si solo le dices a alguien, este es el rendimiento mínimo requerido, ¿adivina qué? Los ingenieros son realmente buenos para cumplirlo de manera rentable.

Además de sus promesas (ingenuas) de neutralidad en los ingresos, aquellos que presionan por un acuerdo de intercambio de impuestos sobre el carbono también prometen a los conservadores y libertarios que un "precio sobre el carbono" permitiría el desmantelamiento de las regulaciones de arriba hacia abajo existentes. Sin embargo, ahora tenemos varias líneas de evidencia para mostrar cuán ingenua es esta esperanza: (1) Harvey en la cita anterior los arroja debajo del autobús. (2) El reciente proyecto de ley de impuestos al carbono de Curbelo no contenía un alivio *significativo*. (3) El economista Paul Krugman está bien con la prohibición total de las centrales eléctricas de carbón nuevas (¿y existen?), y (4) la gente de Vox ha dicho durante años que un impuesto al carbono solo funcionaría junto con otras políticas gubernamentales anti-emisiones. Tenga en cuenta que no estoy rastreando hilos oscuros de subreddit para encontrar marxistas que publican en un café inconformista, cito fuentes bastante tradicionales que declaran abiertamente que poner "un precio al carbono" no hará lo suficiente para reducir las emisiones.

La mentalidad intervencionista

El lector también debe darse cuenta de que Roberts y Harvey no solo tienen en cuenta los estándares de ahorro de combustible y los códigos de eficiencia de la construcción cuando se trata de regulaciones de "comando y control". Todo está sobre la mesa, y la única razón para abstenerse de seguir ciertas estrategias es la dilución del capital político. El siguiente extracto ilustra:

David Roberts: El libro tampoco tiene nada que ver con el cambio de comportamiento: no apagar las luces o volverse vegetariano. ¿Encuentras esa palanca poco realista?

Hal Harvey: es un libro de diseño de políticas, y no hay muchas políticas que hagan que las personas cambien su dieta. Michael Bloomberg cobraba impuestos por el azúcar, así que hay uno. Pero no vamos a tener el impuesto de toneladas de barbacoa per cápita en Carolina del Norte …

Tenemos un ancho de banda político limitado. Si se toma en serio el cambio, debe identificar a los tomadores de decisiones que pueden innovar la mayor cantidad de toneladas más rápido ... Hay 7,5 mil millones de tomadores de decisiones en la dieta. Hay 250 comisionados de servicios públicos en América, y los comisionados de servicios públicos controlan la mitad del carbono en Estados Unidos.

Tratar de invocar un cambio de comportamiento en algo tan personal como comer en masa es una buena idea, es una buena idea desde el punto de vista ecológico, pero como estrategia de carbono, no araña la superficie.

De hecho, incluso cuando dan un guiño a los derechos humanos básicos, Roberts y Harvey suenan espeluznantes. Considere este intercambio:

David Roberts: El proyecto Drawdown de Paul Hawken examinó las opciones para reducir los gases de efecto invernadero y descubrió que la educación de las niñas y la planificación familiar eran las dos más potentes.

Hal Harvey: cuando estaba en la Fundación Hewlett, patrocinamos un estudio del Centro Nacional para la Investigación Atmosférica que planteaba la siguiente pregunta: a nivel mundial, si satisfacía una necesidad insatisfecha de anticonceptivos, es decir, sin coacción, ¿cuánto costaría? ¿Y cuál sería el impacto del carbono?

Encontramos reducciones a gran escala a menos de un dólar por tonelada. Así que estoy completamente a favor de eso. [énfasis añadido]

Es la parte en negrita que es escalofriante. Para empezar, señalo que esta es la única área de la vida, la decisión sobre cuántos hijos tener, donde Harvey aparentemente siente que el Estado no debería usar la coerción para alterar el comportamiento de las personas; las intervenciones coercitivas en todos los otros ámbitos, desde el diseño de edificios hasta la dieta y el tránsito urbano, solo se vieron atenuadas por consideraciones pragmáticas.

Más allá de eso, la razón por la que Harvey tuvo que enfatizar que su enfoque sería voluntario es que, históricamente, esto no se dio por sentado. Hay una larga y sórdida historia de planificadores sociales más sabios que tú que restringen a la fuerza cuántos hijos podrían tener otros, todo en nombre de un bien social superior.

De hecho, el fundador de Vox, Ezra Klein, recientemente se encontró en un lugar incómodo cuando el sitio web originalmente promovió su discusión con Bill Gates utilizando el siguiente tweet:

vox_bm_0.png

 

Vox eliminó rápidamente el tweet después de la indignación y anunció la entrevista de una manera más sensible, pero el episodio completo ofreció otra mirada a la mentalidad intervencionista.

Conclusión

En estas páginas he rechazado incansablemente al pequeño pero vocal grupo de expertos y académicos que piden a los conservadores y libertarios que acepten un "acuerdo de intercambio de impuestos" con los progresistas de izquierda. Más allá de su incapacidad para apreciar algunos de los matices técnicos en la literatura tributaria, estos motivos pasan por alto el simple hecho de que los líderes de pensamiento dominantes entre los progresistas en la guerra han ido más allá de la idea de un simple "precio sobre el carbono". Las vidas, desde nuestros autos hasta nuestras comidas y el tamaño de nuestra familia, afectan las emisiones globales y, por lo tanto, los intervencionistas quieren que cada herramienta a su disposición controle a los demás.

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Sobre la civilidad

11/30/2018Jeff Deist

La base de todas y cada una de las civilizaciones, incluida la nuestra, es la propiedad privada de los medios de producción. Quien quiera criticar la civilización moderna, por lo tanto, comienza con la propiedad privada.

— Ludwig von Mises.

Civilidad es la palabra del momento.

Las nuevas historias lamentan el colapso de la civilidad en la sociedad estadounidense, mientras que los informes sobre la violencia en las calles de Antifa en ciudades como Portland generan recuerdos incómodos para los estadounidenses mayores de los disturbios de la década de 1960. Editorial tras editorial se condena la pérdida de cohesión social y amistad en todo el país, incluso dentro de las familias. Los expertos y los políticos insisten en que debemos restaurar la civilidad en la política. De lo contrario, nos enfrentamos a una guerra civil fría, sombría e intensificadora: progresista contra conservadora, urbana contra rural, #metoo contra Brett Kavanaugh, élites contra populistas, y anti-trumpistas vs. deplorables.

Sin embargo, ¿cómo proponen lograr esto? más política, más elecciones y más edictos de arriba hacia abajo del Congreso y la Corte Suprema.

Hillary Clinton, por ejemplo, sugiere que la civilidad se restaurará solo después de las exitosas elecciones intermedias que colocan a los demócratas en el control del Congreso. ¿Y por qué no? El mundo político es todo lo que ella sabe, y el mundo político produce ganadores y perdedores, vencedores y vencidos. En su visión del mundo totalmente politizada, las cosas se calmarán solo cuando las personas adecuadas, su gente, controlen la política de los Estados Unidos. El suyo es un mundo de suma cero, siempre gobernado por la pandilla política en el poder.

Difícilmente deberíamos esperar que un Estados Unidos tan destrozado por la política siga siendo civil.

Pero Ludwig von Mises entendió un mundo diferente, uno organizado en torno a la propiedad y el comercio en lugar del Estado. Para él, la propiedad privada era la base de cualquier sociedad civilizada. Sin esa base, sin propiedades y un sistema concomitante de intercambio mutuo, sabía que los humanos estaban destinados a degenerar en pobreza, guerra y salvajismo antiintelectual. La propiedad nos da prosperidad y, por lo tanto, abundancia material para vivir vidas civilizadas más allá de la simple subsistencia que marcó la mayor parte de la historia humana. Los derechos de propiedad nos dan la capacidad de acumular capital, invertir en una mayor productividad y tener un mayor grado de certeza con respecto al futuro.

La civilidad no se puede separar del concepto más amplio de civilización misma. Ambas palabras comparten la misma raíz latina, lo que significa que se relacionan con la ciudadanía o la vida pública. Pero también significa relacionarse con otros con cortesía, modales y afabilidad. Si la civilización es la suma total de una sociedad y su cultura, la civilidad, o la falta de ella, es su componente, los rasgos sociales positivos o negativos exhibidos por las personas en esa sociedad.

Lew Rockwell, nuestro fundador y presidente, tiene una larga carrera luchando por la civilización y la civilidad. En el camino conoció algunas de las luces más brillantes de nuestro tiempo o en cualquier momento: Neil McCaffrey, Henry Hazlitt, Leonard Read, Percy y Bettina Greaves, Ayn Rand, Ludwig y Margit Mises, Ron y Carol Paul, y Murray y Joey Rothbard entre ellos.

Así que estoy seguro de que disfrutarás de mi reciente entrevista con él. Con la ayuda de la Sra. Mises, a quien Murray Rothbard llamó "una industria de Mises de una sola mujer", Lew Rockwell se propuso salvar de la oscuridad el trabajo y el nombre del mayor economista del siglo XX. Hoy en día, Mises es conocido en todo el mundo y es citado incluso por sus críticos más ásperos como un defensor del laissez-faire que desafió sin temor el supuesto argumento científico del socialismo.

No se pierda la reseña de David Gordon del extraordinario libro de Kirkpatrick Sale, Human Scale Revisited: A New Look at the Classic Case for a Decentralized Future. Sale no es libertario, e incluso es anti-materialista, pero él entiende los riesgos que plantea el poder político consolidado. Por lo tanto, piensa que la tendencia del siglo XX hacia Estados centralizados cada vez más grandes, prevalentes en Europa y América, una vez confederados, ha sido perjudicial para la comunidad, la paz y el florecimiento humano.

Para crédito de Sale, es uno de los muchos pensadores de todo el espectro político que desafían la sabiduría aceptada de que el globalismo político y el universalismo político son en sí beneficiosos. Así como Mises elevó la autodeterminación a un principio definitorio del liberalismo, los progresistas, los conservadores y los libertarios ven cada vez más la subsidiariedad y la descentralización como características definitorias para un futuro pacífico.

Hablando de paz, en nombre de todos en el Instituto Mises, permítame desearles a cada uno de ustedes una Feliz Navidad, un Feliz Hanukkah y un feliz y pacífico Año Nuevo. Todos nosotros queremos paz y prosperidad para el mundo; todos compartimos una (verdadera) visión del mundo liberal, y todos comprendemos cómo el no intervencionismo en la economía y en los asuntos mundiales es clave para un futuro mejor. Todos nos comprometemos a hacer del mundo un lugar mejor el próximo año a través de nuestras propias contribuciones.

Tenemos grandes planes en el Instituto Mises para el 2019: oradores únicos en los eventos, nuevos podcasts, una nueva plataforma para emprendedores y nuevas oportunidades para obtener credenciales académicas del Instituto y esperamos que sea parte de ellos.

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El conflicto intergeneracional empeorará

11/28/2018Jeff Deist

La excelente revista en línea británica Spiked publicó recientemente este artículo advirtiendo sobre el deterioro de las actitudes hacia las personas mayores en el Reino Unido. Como señala el artículo, hay más en el problema que las preocupaciones logísticas y financieras sobre la prestación de atención médica socialista a una población que envejece. El aumento de la esperanza de vida en Occidente, con los crecientes incrementos en la soledad y la morbilidad relacionada con la edad, explica este estado de infelicidad. No, la raíz del problema es simplemente la falta de atención y empatía, empeorada por un menor número de familias multigeneracionales intactas y la alienación entre los contribuyentes y los jubilados:

Estas no son solo preguntas técnicas para el sector de asistencia social con las que lidiar. Son mucho más grandes que eso, y abordan el tema de en qué tipo de sociedad queremos vivir y qué esperamos unos de otros. En la raíz, está el tema de lo que consideramos como responsabilidades individuales y colectivas; y cuáles son los deberes de los jóvenes a los viejos; y la cuestión de cómo las personas mayores deciden por sí mismas cómo deben ser atendidas más adelante en la vida.

Más que eso, los problemas a los que se enfrenta el sistema de atención social deben entenderse en el contexto de una hostilidad generacional más amplia que está agravando, si no impulsando, un abandono oficial de larga data del cuidado de las personas mayores.

Triste, sí, pero completamente predecible. Gran Bretaña, quizás más rápida y más vigorosamente que la mayoría de los países occidentales, ha sido presa de la doctrina del "presentismo": una narrativa ahistórica en la que el pasado es siempre malo y represivo, sentimientos y "experiencias vividas" (generalmente bastante ausentes entre los jóvenes, ¿Sí?) prevalecen sobre los hechos, y la identidad grupal dicta la ideología. Si el pasado es totalmente incorrecto, las personas que vivieron en él e incluso prosperaron durante el mismo seguramente no deben ser admiradas ni atendidas:

"La negatividad sobre el envejecimiento y las personas mayores está generalizada en nuestra sociedad", dice Caroline Abrahams en Age UK. Ya sea por el desagradable sentimiento de que los votantes del Brexit son un grupo de viejos fanáticos egoístas cuya desaparición no puede llegar demasiado pronto, o que los Baby Boomers han estado acumulando problemas para los millennials que gimen, o que las personas mayores simplemente están entrometiéndose en su camino con su "bloqueo en la cama" y su expectativa irrazonable de que las personas más jóvenes deberían subsidiar sus pensiones estatales, pases de autobús gratuitos, licencias de televisión y subsidios de combustible para el invierno, una y otra vez, vemos desdén generacional hacia las personas mayores.

La democracia, como siempre, no ayuda. Los votantes de Brexit en el grupo de Salirse son más antiguos, más rurales y más "ingleses". Los que permanecen sesgados son más jóvenes, urbanos y más "europeos". En su referéndum de independencia de 2014, los votantes más jóvenes escoceses optaron abrumadoramente por abandonar Gran Bretaña y abrazar plenamente a la Unión Europea; los escoceses mayores eligieron la seguridad percibida de las pensiones de Londres sobre la base de las pensiones de Holyrood y del Estado de Bruselas y la atención médica provista por el Estado, incluso más sacrosantan en el Reino Unido que la Seguridad Social y Medicare de aquí, nunca se reducirán ni se abordarán mediante la votación. Sin embargo, al igual que el sistema de derecho estadounidense se enfrenta a un déficit de $200 billones (el costo probable de los beneficios prometidos en el futuro menos los ingresos fiscales futuros probables), los contribuyentes más jóvenes de Gran Bretaña tendrán dificultades en las próximas décadas para pagar las pensiones de vejez en constante expansión.

Estados Unidos está en el mismo barco, con una población mayor de 65 años que se duplicará en los próximos treinta años. Los republicanos y los votantes de Trump son mayores, más blancos, más rurales o suburbanos, y es más probable que vean a Estados Unidos en términos mucho más optimistas que el promedio de partidarios de Ocasio-Cortez. El Seguro Social, que en 1940 contaba con más de 100 trabajadores que pagaban a un beneficiario, hoy lucha con una proporción de menos de 3 a 1. Y esos tres trabajadores en muchos casos son decididamente más jóvenes, más liberales de izquierda, menos blancos y menos ricos que el beneficiario de los trabajadores no calificados, los inmigrantes recientes y los adolescentes a menudo trabajan en trabajos por hora de bajos salarios, pero aún pagan impuestos completos de Seguro Social sobre sus escasas ganancias.

Todo esto es una receta para la lucha intergeneracional.

El mantra baby boom, sobre nunca confiar en nadie mayor de 30 años, ahora es legado a los millennials, pero por razones muy diferentes. En muchos sentidos, los millennials son más conservadores de lo que sus abuelos tenían a la misma edad, particularmente cuando se trata de sexo, drogas recreativas, educación y una actitud despreocupada de vivir para el día hacia la vida. No hay una versión millennial de Easy Rider o American Graffiti; los pantalones flojos como Superbad muestran a los adolescentes con bajas aspiraciones y sin interés en eclipsar el boomer inconforme. Pero la desconfianza millennial para los estadounidenses mayores se basa en la fuerte percepción de que los horizontes económicos y sociales de hoy en día son mucho menos robustos para ellos que las generaciones anteriores, generaciones que están felices de pasar el tiempo hasta que se agoten los derechos.

Se pondrá peor. Las fallas culturales, económicas, fiscales y políticas en los Estados Unidos de hoy en día son un mal presagio para la armonía entre las generaciones más jóvenes y mayores. Pero, ¿qué debemos esperar en un país donde dominan la política y el Estado? ¿Donde los pagos de transferencia dominan la vejez y las escuelas gubernamentales dominan la juventud?

La familia, la religión y la sociedad civil no juegan casi el mismo papel para los jóvenes de hoy que para los Baby Boomers, quienes se rebelaron contra los tres.Lo que nos queda, en opinión de muchos estadounidenses, es una sociedad donde el Estado es lo único a lo que todos pertenecemos. Muchos se burlan de la noción de cualquier orden natural, sin reconocer que el Estado simplemente sustituye un orden político antinatural dirigido por aquellos en el poder.

Las sociedades sensatas aprovechan la energía, el optimismo y la belleza de los jóvenes de manera productiva: sus talentos se desatan en el arte, el atletismo, los negocios y la tecnología (no la guerra). Pero, aparte de las excepciones destacadas, los jóvenes no son los líderes de las sociedades sensibles, porque reconocemos que lo que uno cree a los 16 o 20 o 25 años cambiará, y con frecuencia cambiará radicalmente. Así, las sociedades sensatas veneran la sabiduría de las personas mayores, sabiduría que está separada y distinta de la mera información. A diferencia de los datos en un teléfono inteligente, esta sabiduría se transmite de manera natural, aunque no sin fricción, porque todos reconocen la conexión saludable y mutuamente beneficiosa entre las generaciones. Con el tiempo, las malas ideas, las tradiciones y los modos desaparecen, reemplazados por nuevos y mejores.

Las sociedades en descomposición y disfuncionales, por el contrario, enfrentan generaciones entre sí en la urna y en otras. La política y el gobierno se convierten en armas poderosas en una guerra fría intergeneracional. El envejecimiento de las poblaciones occidentales sesga el equilibrio político demográfico a favor de las personas mayores, especialmente los votantes mayores activos. Brexit, Trump y el referéndum de independencia escocés ahora han expuesto esta realidad creciente.

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La pronta quiebra del imperio americano

11/21/2018Hunter DeRensis

Las gallinas vienen a casa a dormir. Es sólo una cuestión de cuándo.

Herbert Stein fue presidente del Consejo de Asesores Económicos bajo los presidentes Richard Nixon y Gerald Ford y es el padre del más conocido Ben Stein. En 1976, propuso lo que llamó "la Ley de Stein": si algo no puede durar para siempre, se detendrá. Stein se refería a las tendencias económicas, pero la misma ley se aplica tanto a la política exterior como al concepto de imperio.

La Ley de Stein a primera vista puede parecer una burla banal. Pero deberíamos ser plenamente conscientes de sus implicaciones: un sistema insostenible debe tener un fin. El imperio estadounidense tiene defectos internos, un hecho que los anti-imperialistas, tanto de izquierda como de derecha, deberían apreciar.

La deuda nacional de los Estados Unidos se aproxima a $22 billones con un déficit presupuestario federal actual de más de $800 mil millones. Como el senador Rand Paul señala a menudo, la bancarrota es la Espada de Damocles que cuelga peligrosamente cerca del cuello del Tío Sam. Fuera de un puñado de artilugios libertarios en el Congreso, como Paul, no hay un movimiento político serio para frenar el gasto excesivo del país. Se necesitaría un trastorno de magnitud muchas veces mayor que la victoria de Donald Trump en 2016 para modificar este curso.

Los Estados Unidos tienen la mayor deuda de cualquier país en la historia del mundo. Para ser justos, cuando se tiene en cuenta nuestra relación deuda-PIB, hay muchos países en situaciones económicas mucho más peligrosas que los EE. UU. Pero llegará un punto de inflexión. ¿Cuánta deuda puede tener el sistema? ¿Cuándo crecerán las grietas demasiado grandes para esconderse? ¿Cuándo se derrumbarán los cimientos? Hay una gran cantidad de ruina en una nación, dijo Adam Smith, y nuestra ruina debe llegar en última instancia.

¿Es posible la quiebra? Como algunos economistas del Beltway nos recuerdan, no. Técnicamente, el Estado tiene el poder de crear artificialmente tantos dólares como necesite para pagar sus deudas. Pero este tipo de hiperinflación privaría al dólar de los Estados Unidos de cualquier valor y pondría en peligro la economía global que comercia con él. El simple hecho de no pagar nuestra deuda podría ser incluso un mejor escenario que un infierno inflacionario de este tipo.

Cuando el mundo pierda la confianza en la capacidad del gobierno estadounidense para pagar su deuda, o la tasa de interés de nuestra deuda se vuelva insosteniblemente alta, habrá que tomar decisiones. No más patear la lata por el camino, no más proyecciones de 10 años para equilibrar el presupuesto. El Congreso, en un estado de emergencia, tendrá que tomar una zumbada a las asignaciones. Y el imperio será lo primero en irse.

Al igual que su estado de guerra, el estado de bienestar del Estado tiene muchas calamidades internas. Pero si bien podría ser la preferencia de algunos globalistas megalómanos dejar que los proles mueran de hambre mientras preservan las posesiones en el extranjero, no va a suceder. ¿Qué ocurriría si las verificaciones de la Seguridad Social dejaran de aparecer en los buzones y se cortaran los beneficios de Medicare? Cuando se le presente esa opción, ¿elegirá el estadounidense promedio su red de seguridad social o la financiación continua para bases remotas en Stuttgart, Okinawa y Djibouti? Incluso el congresista más militarista sabrá qué manera de votar, no sea que encuentren una mafia esperando fuera de sus castillos de D.C.

Los neoconservadores insisten constantemente en el peligro de los vacíos. Sin una presencia de los Estados Unidos, la lógica continúa, más fuerzas siniestras tomarán el control. ¿Qué sucede cuando las tropas estadounidenses deben ser evacuadas de todo el mundo porque ya no podemos permitirnos mantenerlas allí? No hay debate, no hay que sopesar opciones y no hay opción. Si el dinero no está allí, el dinero no está allí. Nada podría atar las manos del ejército de Estados Unidos más que una crisis de deuda. Y si sucede, será en parte porque esos mismos intelectuales neoconservadores predicaron una guerra global de varios trillones de dólares para rehacer a la humanidad a nuestra imagen. La arrogancia lleva a la caída.

Este es el tipo de peligro que advierten Rand Paul y otros. Nuestras guerras no declaradas no solo son ilegales, contraintuitivas y desestabilizadoras para las regiones extranjeras, sino que también son financieramente desestabilizadoras para nosotros.

Debe llevarse a cabo una reexaminación radical de los activos y obligaciones de Estados Unidos en el extranjero. Las guerras ideológicamente motivadas nos han llevado al precipicio del desastre financiero. La política exterior estadounidense debe adoptar una visión limitada y altamente estratégica de su interés nacional y utilizar su riqueza restante con moderación y solo cuando sea necesario. El realismo puede evitar la ruina nacional. Cierra las bases en Alemania y lleva el dinero a casa, en lugar de obligar a las tropas a evacuar en la oscuridad de la noche después de que sea demasiado tarde. Entra en negociaciones con los talibanes y planea retirarte de Afganistán para que no termine con helicópteros que huyen de Kabul como lo hicieron con Saigón. Toma las decisiones difíciles antes de que las circunstancias las hagan por ti.

Nuestros líderes ignoran la ley de Stein bajo su propio riesgo. Pase lo que pase, las tropas de Estados Unidos regresan a casa. Mejor que sea nuestra decisión que nuestros cobradores.

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Récord europeo de rascacielos

11/20/2018Mark Thornton

Se ha completado un nuevo rascacielos récord para Europa como el rascacielos más alto de Europa. En construcción durante seis años, el edificio de 87 pisos (Lakhta Center) en San Petersburgo se convertirá en la sede del gigante de gas natural de Rusia y su filial de petróleo, Gazprom. El edificio no se terminará en el interior ni estará abierto al público hasta el próximo año.

Esto prepara el escenario para la maldición de los rascacielos .

El índice STOXX European 600, que consiste en una variedad de acciones de los mercados bursátiles europeos, ha bajado un 9% desde el 27 de septiembre, aproximadamente cuando se rompió el récord. HT: RB

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