El candidato de la Corte Suprema de Donald Trump ayudó a defender el Obamacare

El candidato de la Corte Suprema de Donald Trump ayudó a defender el Obamacare

07/10/2018Tho Bishop

Donald Trump hizo su segunda nominación a la Corte Suprema: el juez Brett Kavanaugh de la Corte de Apelaciones de los Estados Unidos para el Distrito de Columbia.

En relación con los otros nombres que se discutieron, la selección de Kavanaugh podría verse como una victoria para la establishment.

Primero, defenderá el registro de jueces de la Corte con grados de Derecho de Harvard o Yale.

Segundo, tiene un currículum muy amigable con el “pantano”, que incluye una larga historia de trabajo legal para el Partido Republicano y una particular cercanía con la familia Bush. Después de haber trabajado en asuntos como la acusación de Clinton, el recuento de Florida del 2000 y los desafíos al Obamacare, el senador Dick Durbin lo describió como el "Forrest Gump de la política Republicana".

Curiosamente, una decisión que tomó con respecto a la Constitucionalidad de la Ley de Cuidado de Salud Asequible es lo que preocupa a muchos en la derecha. Aunque él disintió a la pregunta de si el proyecto de ley era constitucional bajo la Cláusula de Comercio, su opinión minoritaria dejó en claro que su objeción era a la jurisdicción del tribunal y no a la ley misma. Consideraba el mandato individual como un impuesto, lógica utilizada por el presidente de la Corte Suprema John Roberts para defender la ley.

Como Christopher Jacobs escribió para The Federalist:

Desde el punto de vista de Kavanaugh, el mandato podría encajar "cómodamente" dentro de los “poderes constitucionales” del Congreso, incluso si no toma una posición aquí sobre si el estatuto como está escrito actualmente es justificable, Kavanaugh concluye que 'la única deficiencia potencial de la Cláusula de Impuesto en la disposición del mandato individual actual parece ser relativamente leve’.

La atención ahora se dirigirá a los puntos de vista de Kavanaugh sobre Roe vs. Wade y si su nombramiento desafiará esa decisión. En Fox News, esta mañana, el juez Andrew Napolitano pensó que el historial explícitamente pro-vida de Kavanaugh como juez dificultaría el proceso de nominación, posiblemente empujando a Trump a nominar a alguien diferente. Ahora veremos cómo reaccionan los Republicanos moderados, como la senadora Susanne Collins, a la decisión.

Por supuesto, el hecho de que el nombramiento de un solo juez de la Corte Suprema justifique protestas en todo el país ahora estallando es simplemente un recordatorio de las fallas inherentes de un sistema que da tanto poder a nueve personas con túnicas negras.

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¿Qué es Tecnología "Avanzada"?

07/10/2018Mark Thornton

Durante la investigación de mi libro The Skyscraper Curse [La maldición del rascacielo], comencé a usar la frase "tecnología avanzada". Significa un medio de producción que actualmente está más allá de la capacidad de la sociedad o al menos algo que es "de vanguardia". Yo diría que también es útil en términos de la teoría del ciclo económico austríaco (ABCT) porque cuando las tasas de interés artificialmente bajas afectan la estructura de producción de una economía, típicamente induce la producción e introducción de nueva tecnología "prematura" que típicamente sólo aparecería en el futuro, como mucho.

Podríamos presenciar una tecnología avanzada de este tipo en el campus de la Universidad de Auburn — un albañil robot. El motivo de esta especulación es que las bajas tasas de interés han aumentado la cantidad de construcción y han elevado los costos, de modo que las nuevas tecnologías en forma de albañiles robot se han apresurado a aliviar el alto costo y la falta de mano de obra. Dos albañiles y el robot pueden colocar cuatro veces más ladrillos que los dos albañiles.

SAM100, abreviatura de MASON semiautomatizado, será el primero de su tipo en Alabama. Coloca más de 3.000 ladrillos por día, usando una cinta transportadora y un brazo robótico. La Auburn University y Construction Robotics se han asociado para dar vida a SAM en el campus.

La Construction Robotics, ubicada en Victor, Nueva York, creó SAM para "aprovechar empleos humanos, no reemplazarlos". De acuerdo con el MIT Technology Review, los albañiles humanos pueden colocar de 300 a 500 ladrillos por día, tres veces menos que SAM.

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La izquierda autoritaria del Tribunal Supremo

06/28/2018Tho Bishop

La jubilación del juez del Tribunal Supremo, Anthony Kennedy, ha multiplicado por once la histeria política de Washington. Cuando vemos a personas adultas llorando en sus oficinas por la jubilación un juez, tal vez sea el momento de cuestionar si algún grupo de nueve personas debería tener alguna vez tanto poder sobre el paisaje político. Ryan McMaken defendía lo mismo después de la muerte de Antonin Scalia:

Expertos y políticos de todo el espectro nos dicen lo indispensable, impresionante y absolutamente esencial que es el Tribunal Supremo. En realidad, deberíamos estar buscando maneras de socavar, paralizar y forzar al Tribunal a la irrelevancia general. (…)

Si los estadounidenses quieren un gobierno que sea más probable que les deje en paz, deberían ignorar las súplicas para elegir a otro político que se limitará a nombrar a otro donante o aliado político para el Tribunal. Por el contrario, gobiernos estatales y locales debería buscar constantemente ignorar, anular y en general no considerar las sentencias del Tribunal cuando vayan contra la ley y las instituciones locales donde (muy al contrario que en el Tribunal Supremo) los ciudadanos comunes tienen alguna influencia real sobre las instituciones políticas que afectan a sus vidas.

Curiosamente, su idea del Congreso imponiéndose a los tribunales (para erosionar la percepción del Tribunal Supremo como un actor apolítico) incluso está ganando enteros en círculos interesantes.

Al ver lo mucho que está ahora en juego, el Partido Demócrata se enfrenta a una gran cantidad de críticas a toro pasado sobre cómo gestionaron la vacante tras Scalia. La mayoría concede ahora que su soberbia les hizo asumir que Hillary Clinton ahora sería presidenta y que el voto de Gorsuch lo mantendría un juez a la izquierda de Merrick Garland. Su clara estrategia ahora es un intento desesperado de retratar a Mitch McConnell como un hipócrita por impulsar una nominación judicial en un año electoral. Esta estrategia evidentemente fracasará porque McConnell es un conocido hipócrita y la política trata sencillamente acerca del poder, no de las normas legislativas.

Cuando este intento demuestre ser inútil, creo que en la próxima estrategia será la confrontación. De forma similar a lo que hemos visto esta mañana con las protestas delante de las oficinas de la Aplicación del Control de Inmigración de Washington, la base activista del Partido Demócrata tomará las calles mientras sus expertos aliados harán del reemplazo de Kennedy el último baluarte del mundo civilizado. Será la tercera o cuarta secuela de una franquicia todavía más cansina que la Guerra de las Galaxias: una batalla entre la valiente resistencia frente a un régimen de un Trump autoritario decidido a erosionar los derechos de todos los estadounidenses que no sean blancos, hombres y heteros.

Este capítulo concreto de la historia de la “amenaza autoritaria” se hace cada vez más entretenido cuando consideramos esta última temporada del Tribunal Supremo. Como señalaba astutamente Sean Davis, de The Federalist, tres de los casos más importantes de la lista de este año mostraban a la rama “liberal” del tribunal votando a favor de una participación forzosa:

NIFLA v. Becerra, una sentencia 5-4, defendía el derecho de los centros de fertilidad contrarios al aborto a no ser obligados legalmente a proporcionar información acerca de servicios de aborto, anulando un decreto de California de 2015. La importancia de esta legislación no es solo grande para el asunto del aborto, sino que tiene muchas más ramificaciones que impiden los decretos del gobierno en otros aspectos médicos.

Janus v. AFSCME, otra sentencia 5-4, protegía a los funcionarios no sindicalizados frente a la obligación de pagar cuotas sindicales contra su voluntad. Evidentemente, ninguna institución debería tener ese derecho (ni siquiera el gobierno), que lleva los dólares de los empleados a ayudar a promover causas (incluyendo campañas políticas) con las que están personalmente en desacuerdo.

Masterpiece Cakeshop v. Colorado, el tristemente célebre caso de la tarta de boda gay fue otro claro ejemplo de participación forzosa. Aunque esta fue una victoria legal para los pasteleros afectados, la propia sentencia se convirtió en bastante estrecha y filosóficamente en un agujero al centrarse en las acciones de la Comisión de Derechos Civiles de Colorado y su clara hostilidad hacia la fe cristiana. Como tal, los jueces Kagan y Breyer se unieron a la mayoría. Esto solo hace que la oposición de los jueces Ginsberg y Sotomayor resulte más alarmante. (En defensa de los cuatro miembros de la izquierda del tribunal, votaron con el juez Roberts en Carpenter v. United States, un importante caso de privacidad electrónica. No hace falta decir que los impulsos autoritarios no residen únicamente en las togas de la izquierda).

Así que repito, lo que debería quedar claro es que a la izquierda no le preocupa el “autoritarismo”, sino sencillamente perder la capacidad de aplicar su voluntad a la gente. En su defensa, esta respuesta es una preocupación justa y razonable: ninguna persona debería verse obligada a vivir bajo un gobierno explícitamente hostil a sus visiones del mundo.

¿Así que qué debería hacer una minoría política? Tal vez empezar leyendo algo de Jeff Deist.

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Civismo y propiedad frente a política

06/27/2018Jeff Deist

Las llamadas al civismo en la política no son nada nuevo y el incidente con respecto a la portavoz de la Casa Blanca, Sarah Sanders, en un restaurante ha generado un mucho humo, pero poco fuego desde ambos falsos bandos de este no debate/no problema.

Supongo que deberíamos estar contentos cuando los derechos de propiedad se convierten en parte del debate. Es sano que nuestros amigos progresistas de izquierda desarrollen una ética circunstancial de la propia privada. Por supuesto, los dueños de propiedades tienen el derecho ilimitado para expulsar a personas o rechazar atenderlas. Y por supuesto deberíamos ser todos educados con aquellos que no comparten nuestras opiniones. Las interacciones cotidianas que hacen cualquier sociedad al menos tolerable, si no sana, conllevan costumbres e intereses mutuos, no leyes positivas.

Pero la libertad requiere propiedad y el civismo requiere sociedad civil. Cuando los políticos del estado sirven como los principios organizativos más importantes de la sociedad, los derechos de propiedad y la cohesión social acaban necesariamente sufriendo. La falta de civismo es una característica, no un defecto, de una sociedad muy politizada. Es también una característica de unos Estados Unidos en los que demasiadas cosas son decididas por el gobierno federal o su superlegislativo Tribunal Supremo.

¿Qué tipo de sociedad sana delega en los debates sobre sentencias judiciales, sentencias decididas por solo unos pocos jueces votando de una manera u otra? ¿Deberían 320 millones de personas tener que preocuparse tanto acerca de cinco o siete jueces del tribunal supremo?

Es difícil argumentar a favor del civismo en escenarios políticos en los que el ganador se lleva todo. De hecho, es una receta para el hiperpartidismo, la “otredad” y el tribalismo. No tiene sentido lamentar una pérdida de civismo y luego argumentar a favor de superar nuestras diferencias votando con más dureza y demandando más a los otros.

Ludwig von Mises fue testigo del colapso de la civilización de los Habsburgo, el auge del nazismo en Austria y Alemania y dos terribles guerras europeas: una serie de acontecimientos mucho más allá de la mera falta de civismo. Su respuesta a la barbarie real era el liberalismo real, destilado en su forma más pura en una palabra: propiedad. “Si la historia pudiera enseñarnos algo, sería que la propiedad privada está ligada inextricablemente a la civilización”, nos dice Mises en el libro apropiadamente titulado Gobierno omnipotente.

Pero la propiedad hoy no es parte del programa progresista; por el contrario, la propiedad privada está bajo un serio ataque no solo por los crecientes “socialdemócratas”, como Alexandria Cortez y Bernie Sanders, sino también por fuerzas proteccionistas y mercantilistas en la administración Trump.

De hecho, solo los libertarios creen en la posesión completa (es decir, el control completo) de la propiedad privada. No es precisamente un argumento innovador en este momento: Murray Rothbard ya lo daba hace 50 años. Pero nadie en política o medios de comunicación cree realmente en esto o argumenta a su favor. En el contexto de los inmuebles, los derechos completos de propiedad requerirían que no hubiera impuestos a la propiedad, normas urbanísticas, permisos ni códigos de construcción, una completa libertad para despojarse o vender a voluntad y, sobre todo, control completo acerca de quién entra y a quién se le obliga a salir. Este tipo de propiedad privada no está disponible para pasteleros o restaurantes pintorescos del sur.

Estados Unidos lenta pero constantemente ha ido perdiendo su sentido robusto de la propiedad privada, el alma de una sociedad libre. Esto se ha producido a través del estado fiscal y regulatorio, anulando el caso Lochner y deshaciéndose del proceso debido sustantivo económico, a través de lecturas absurdas de la cláusula de comercio, a través de la creación de instituciones administrativas completamente fuera de la constitución y a través de la creación de una forma inferior de propiedad llamada “locales públicos”.

Al renunciar a la propiedad hemos renunciado al liberalismo y a la sociedad civil. Al insistir en el control político sobre grandes áreas de los asuntos humanos hemos renunciado al civismo por la fuerza.

Recordad que la política es un juego de suma cero. Los dueños del restaurante consideran a Sarah Sanders una amenaza, como alguien que va a dañarles si prevalece su (de Trump) administración. El problema no es que los dueños actuaran absurdamente, ni tampoco el incoherente argumento de que Trump de alguna manera está por encima de la mediocridad relativa de los anteriores presidentes. La escena en el restaurante Red Hen fue el resultado de la percepción no injustificada de los dueños de que el sistema político de EEUU derrota al pueblo. Para evitar ser derrotados deben derrotar a Trump, al menos en su opinión.

Idealmente, cuando los propietarios del restaurante piden a Ms. Sanders que abandone el restaurante, esta sencillamente debería haberse encogido de hombros y haberse ido en silencio. Lo que aparentemente hizo, aunque supuestamente fue perseguida y acosada en un restaurante de esa calle. Lo que resulta desafortunado no es solo la falta de civismo en Twitter que siguió al incidente, ni los desagradables artículos que afirman que se está gestando una guerra civil, sino más bien nuestra ceguera a la hora de entender a dónde llevan la “democracia”, la política y la falta de respeto por la propiedad privada.

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El profesor Israel Kirzner recibe premio al socio distinguido

Enhorabuena a Israel Kirzner, que ha recibido el Premio al Socio Distinguido de la Sociedad de la Historia de la Economía en su reunión anual de 2018 realizada en Chicago esta pasada semana. La Sociedad confiere el honor de “Socio Distinguido” a “aquellos que han contribuido con una vida de estudio a la historia de la economía”. Al recibir este honor, el profesor Kirzner, uno de los representantes más ilustres de la Escuela Austriaca moderna, se une a un elenco de economistas eminentes que incluye a Friedrich Hayek, George Stigler, Lionel Robbins, Don Patinkin y Joseph Dorfman, entre otros. El libro de Kirzner The Economic Point of View: An Essay in the History of Economic Thought, basado en la tesis doctoral que escribió bajo la dirección de Ludwig von Mises, sigue siendo la mejor historia de la transformación de la economía de un estudio de las causas de la riqueza material a la ciencia de la acción humana.

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¿Qué debería hacer la gente derrotada políticamente?

06/19/2018Jeff Deist

¿Qué debería hacer la gente derrotada políticamente? ¿Debería resistirse al status quo político en todo caso o aceptar el espíritu de la cortesía civil y esperar a la siguiente elección? ¿Qué pasa si sus fortunas políticas están disminuyendo y es cada vez menos probable que prevalezcan políticamente? ¿Qué derechos y poder poseen las minorías políticas aparentemente permanentes (por ejemplo, los libertarios)? ¿En qué momento se permitiría una rebelión abierta en una supuesta democracia y cómo juzgamos la resistencia por principios frente a los frutos amargos de los perdedores políticos?

Además, ¿qué pueden hacer por derecho las mayorías políticas (a pesar de una oposición minoritaria estridente) y qué políticas no pueden alterarse independientemente del consenso mayoritario? ¿Qué despojos corresponden por derecho a los victoriosos políticamente y qué normas antiguas no deberían ser derrocadas?

Estas son preguntas difíciles en la época de Trump, especialmente desde que los gobiernos occidentales abandonaron hace tiempo las limitaciones constitucionales y el tópico del “estado de derecho” a favor de la gobernanza administrativa por medio de gestores burocráticos. La democracia, al menos la variedad de masas practicada en los modernos estados occidentales del bienestar, no proporciona respuestas satisfactorias. ¿Esos gestores no elegidos están obligados por la voluntad popular o no gran cosa? ¿Qué limita al estado?

Ludwig von Mises, un sólido teórico social además de su abrumadora obra en economía, ve estos problemas con claridad. A pesar de que (o tal vez porque) fue testigo de los estragos del combate real en la Gran Guerra, elige usar lenguaje bélico al describir los aprietos de las minorías políticas:

Fue el liberalismo el que creó la forma legal por la que el deseo del pueblo de pertenecer o no a un cierto estado podría conseguir una expresión, que sería el plebiscito. El estado al que quieren pertenecer los habitantes de cierto territorio tiene que determinarse por medio de unas elecciones. Pero incluso si se cumplieran todo las condiciones económicas y políticas necesarias (por ejemplo, aquellas que afectan a la política nacional con respecto a la educación) para impedir que el plebiscito se reduzca a una farsa, incluso si fuera posible sencillamente hacer una encuesta de los habitantes de todas las comunidades para determinar a qué estado quieren unirse y repetir esa elección cada vez que cambien las circunstancias, seguirían probablemente persistiendo algunos problemas sin resolver como posibles fuentes de fricción entre las distintas nacionalidades. La situación de tener que pertenecer a un estado al cual uno no quiere pertenecer no es menos onerosa si es el resultado de unas elecciones que si debe soportarse como consecuencia una conquista militar (…) Ser un miembro de una minoría nacional siempre significa que se es un ciudadano de segunda clase. (Cursivas añadidas)

El casi increíble rencor que rodea a la administración Trump demuestra precisamente lo poco que realmente aprecian la democracia incluso los occidentales ricos cuando no les gustan sus resultados. Las fuerzas contrarias a Trump se consideran de hecho conquistadas, sintiéndose de repente como ciudadanos de segunda clase en un país que pensaban que conocían (uno en el que un arco “progresista” inevitable elegiría, por supuesto, a Ms. Clinton). No aceptan a Trump como no aceptarían al jefe de una potencia extranjera hostil y ocupante. Pero rechazar el resultado de las elecciones es una posición extraña para los seguidores de Clinton, una candidata que frecuentemente hablaba con entusiasmo acerca de “nuestra sagrada democracia”.

Lo mismo puede decirse para el referéndum del Bréxit en Reino Unido y el creciente sentimiento antiinmigración en toda Europa continental, ambos escarnecidos como populismo siniestro y malintencionado frente a las nobles expresiones del “pueblo” ejercitando sus derechos democráticos. Pero el populismo es solo democracia pura y dura y los administradores tecnócratas están retratados correctamente como enormes hipócritas que usan la vía del apoyo democrático solo cuando va en la dirección de lo que planean hacer de todas maneras.

La democracia, lejos de generar compromiso y armonía, lanza a los estadounidenses unos contra otros al tiempo que crea una clase burocrática permanente. Todo esto es comprensible y predecible desde una perspectiva libertaria. Solo los libertarios hacen un alegato coherente contra los mecanismos democráticos y consideran la libertad frente al poder del estado como mucho más importante que el consenso mayoritario. La libertad no depende del voto, como dice el ilusorio dicho. La libertad (entendida correctamente como nada más y nada menos que la libertad frente al estado) es el máximo fin político.

Pero no vivimos en un mundo libre y la mayoría la gente no es ideológicamente libertaria. La mayoría la gente, aunque de forma mucho menos meditada, son (pequeños) demócratas como el propio Mises. En los años de entreguerras, tras el colapso de las monarquías europeas y el auge del nazismo en Alemania, Mises veía la democracia como el mecanismo social para evitar más guerras y derramamiento de sangre:

La democracia es esa forma de constitución política que hace posible la adaptación del gobierno a los deseos de los gobernados sin luchas violentas. Si en un estado democrático el gobierno ya no está actuando como quiere la mayoría de la población, no hace falta una guerra civil para poner en el cargo a los que están dispuestos a trabajar para atender a la mayoría. Por medio de elecciones y acuerdos parlamentarios, el cambio de gobierno se ejecuta suavemente y sin fricciones, violencia o derramamiento de sangre.

Casi 100 años después, podríamos preguntarnos si seguiría escribiendo hoy esas palabras, habiendo visto el desarrollo de los siglos XX y XXI. A posteriori, parecen inapropiadamente optimistas. Por supuesto, nunca lo sabremos e incluso el anarquista más doctrinario puede admitir que la democracia desempeñó un papel en el éxito de Estados Unidos y Occidente.

Pero ha habido bajas tanto literales como figuradas a lo largo del camino y más se harán evidentes en las próximas décadas. El consenso de la élite occidental, a favor del globalismo, un vago “neoliberalismo” y la socialdemocracia linda con impulsos nacionalistas y de ruptura. El si se permitirá la “democracia” cuando vaya contra el sentimiento de la élite es en buena medida una cuestión abierta y a la gente no se le engaña tan fácilmente diciendo que los proyectos globalistas son en todo caso democráticos.

Es muy importante entender que Mises veía la autodeterminación como el máximo fin político y por tanto argumentaba con vigor contra el universalismo y a favor de la subdivisión política cuando fuera necesario y viable. Reordenar las instituciones políticas creando unidades más pequeñas o abandonándolas del todo a través de la secesión era la respuesta de Mises a la pregunta de cómo podía protegerse a las minorías políticas. Los movimientos de ruptura eran la válvula de seguridad en la concepción de la democracia de Mises:

El derecho de autodeterminación con respecto a la cuestión de la membresía en un estado significa por tanto: siempre que se sepa, por medio de un plebiscito realizado con libertad, que los habitantes de un territorio particular, ya sea un único pueblo, todo un distrito o una serie de distritos adyacentes, ya no desean permanecer unidos al estado al que pertenecen ese momento, sino que desean, o formar un estado independiente, o unirse a algún otro estado, sus deseos tendrían que respetarse y cumplirse. Es la única manera viable y eficaz de impedir revoluciones y guerras civiles e internacionales.

En algún momento los estadounidenses de todas las inclinaciones ideológicas tienen que formularse una pregunta: si se cree realmente que el 30, el 40 o el 50% de la población es imposible de redimir, completamente inmoral, estúpida, fascista, racista o comunista, ¿qué debería hacerse? ¿Habría que matarlos? ¿Deportarlos? ¿Encerrarlos en campos de concentración? ¿Reeducarlos contra su voluntad hasta que voten correctamente? ¿Relegarlos a una casta inferior política, social y económicamente? ¿Tolerarlos, pero castigarlos en elecciones futuras?

¿O deberíamos escuchar a Mises y elevar la separación política, el federalismo y el localismo a los máximos principios políticos?

El gobierno de arriba abajo desde Washington no está funcionando y de hecho está deprimiendo a la gente y haciendo que tenga pensamientos impensables acerca de una guerra civil. El sentimiento a favor y en contra de Trump está destruyendo la cohesión social, el “derecho” real en cualquier sociedad. ¿Y por qué? ¿Por diferencias políticas entre los partidos que nunca levantan un dedo contra la guerra, el poder estatal, los subsidios o la Fed?

Hacen falta 70 millones de votos para controlar la Casa Blanca y el estado administrativo (profundo) puede estar fuera del alcance de incluso una abrumadora mayoría política. No importa dónde se esté ideológicamente, el riesgo de convertirse en una minoría política marginada crece cuando crece el poder del estado. Es hora de dejar de tratar de apoderarse de Washington y empezar a hablar de soluciones realistas de ruptura o federalistas, incluso bajo el paraguas de la continuación del estado federal. Las elecciones de 2018 y 2020 no resolverán nuestros problemas, solo los empeorarán. Al menos 50 o 60 millones de estadounidenses, un grupo mucho más grande que la mayoría de los países, se verá sin representación política y gobernado por un gobierno percibido como hostil, sin que importe de que candidatos o partidos ganen.

Si la ruptura parece impensable, también lo es la guerra civil. ¿Está grabado en piedra que 330 millones de personas deban vivir bajo una jurisdicción federal remota en todo caso y para siempre?

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¿Benefician a la economía las fusiones y adquisiciones?

06/13/2018Jeff Deist

La mega-fusión de 85.000 millones de dólares de AT&T con Time Warner parece dirigirse hacia la consumación, lo que creará una gran empresa de medios digitales con apoyo en la telecomunicaciones. ¿Pero esta interminable pelea por las órbitas oculares y los clics, la búsqueda por determinar qué plataformas elegirán los quisquillosos consumidores en años venideros crea realmente algún valor para los accionistas? ¿O acabará como la fusión AOL/Time Warner de 2000, un símbolo de predicciones optimistas injustificadas acerca del valor de fusionar plataformas tecnológicas?

Más allá de las empresas de medios digitales, se avecinan preguntas acerca del auge del mercado de fusiones y adquisiciones en general. ¿Es el mundo de estos acuerdos sobre todo mala inversión, como dice David Stockman, o al menos alguna actividad transaccional representa asignaciones orgánicas y sanas de capital? ¿Son los precios de valoración y compra de las empresas algo completamente desbocado, debido a un mercado bursátil impulsado por la Fed? ¿Las recompras de acciones, capitalizaciones creativas y fusiones horizontales inacabables intentan crear crecimiento “financiero” artificial en lugar de real?

Todas estas preguntas están sin responder y los lectores de mises.org no necesitan ninguna explicación de cómo los bancos centrales y los tipos bajos de interés crean malas inversiones. Pero (voz de tráiler de película) en un mundo controlado por los bancos centrales, la respuesta maldita es que nunca podemos saberlo. Eso es precisamente lo que dice Stockman: como la Fed controla el precio más importante de la economía (el tipo de los fondos de la Fed) es imposible saber el verdadero precio de nada.

El valor es subjetivo y oferta y demanda determinan los precios. Ambas mediciones se expresan en dólares.

Así que el brillante chico tecnológico que consigue 30 millones de dólares de un fondo de capital riesgo para una nueva gran idea puede haber creado valor para la sociedad, lo que lo justifica, o puede ser el afortunado receptor de un dinero barato disparado al azar y lanzado alrededor por gestores de fondos en busca de rendimiento que esperan que la idea del chaval multiplique el dinero por 20 o por 50 para cubrir las pérdidas en otros lugares.

Es cierto que esto vale para todos los mercados especulativos. Capital riesgo, fusiones y adquisiciones y bolsa tendrían distribuciones distintas de ganadores y perdedores sin la Fed. Pero uno de los grandes problemas de la banca centralizada es generalmente este: cuando manipulas el coste del dinero y el crédito, manipulas necesariamente esa distribución. Esto refuerza la percepción de que la riqueza es un juego trucado y de que en realidad crea una clase inmerecida de élites relacionadas con la Fed en sectores altamente “financializados”.

Una empresa que espera embolsarse dinero barato es Vice Media, una plataforma azarosa de medios centrada en lo que el cliché publicitario conoce como “mercado joven”. Os habréis topado con Vice.com o visto sus ubicuos vídeos en aviones o feeds de redes sociales. El enfoque es decididamente izquierdista, lo que no es una sorpresa, pero también bastante interesante: un vídeo reciente destacaba la trágica historia de Haití y la República Dominicana con explicaciones convincentes sobre el terreno.

Aun así, en el mejor de los casos, es una marca de nicho. Así que imaginaos pensar que Vice.com vale varios miles de millones de dólares, clasificándola entre las empresas privadas más valiosas de EEUU. Imaginad que pronto valdrá 50.000 millones de dólares, tal vez en una década. Imaginad pensar que la empresa está enormemente infravalorada, así que ponéis sobre la mesa 70.000 millones de dólares de vuestro bolsillo e invertís en algo que no entendéis muy bien, pero que imagináis que representa el pensamiento joven y revolucionario.

Podríamos llamar loco a una persona así, alguien que sufre de amnesia histórica en lo que se refiere a las burbujas punto com y de vivienda, que olvida la importancia de los fundamentales y las ganancias reales en empresa sobrevaloradas. Podríamos calificarlo como un idiota que se merece perder dinero. O podríamos llamarlo un genio, si todo acaba saliendo bien. De hecho, ese inversor de 70.000 millones de dólares de 2012 era nada menos que Rupert Murdoch, para todos un brillante y sagaz magnate de los medios, por no decir un duro inversor. Y no está solo, ya que un importante inversor en valores (TPG) invertía 450 millones de dólares solo un año antes.

Saltamos al día de hoy y Vice Media está en el alambre por una combinación de retraso en ingresos, un confuso grupo de plataformas y la lucha por entender las costumbres televisivas de los milenials. Así que puede que no se identifique fácilmente la próxima ronda de Murdochs y TPGs.

Vice, tenedlo en cuenta, produce “contenido” en lugar de bienes o servicios tangibles. Y no solo cualquier contenido, sino contenido innovador, que requiere una comprensión casi preternatural de los cambiantes panoramas de la redes sociales y las modas. Lo innovador es amorfo y se pierde rápidamente. Pero peor aún es el riesgo de una compañía estancada que se imagina que sigue siendo innovadora, es decir, a la que le falta conciencia de sí misma. Se me viene a la cabeza la ahora destrozada Rare, así como Buzfeed, ahora en aprietos.

Todo esto sugiere que Vice necesita a las personas correctas y un flujo constantemente nuevo de ellas para seguir siendo relevante. Esto es una hazaña incluso para el mundo más viejo y lento de la imprenta, como puede atestiguar cualquiera familiarizado con Rolling Stone o Spin. Así que invertir en Vice significa realmente invertir en personas, como su salvaje fundador Shane Smith, no en gestión, productos, marcas, procesos y sistemas. Y la gente es notablemente poco fiable.

Rupert Murdoch y TPG deberían estar preocupados.

Adendum: El mundo de los acuerdos hoy no es solo un fenómeno gran escala y que aparecen titulares. La actividad de los acuerdos en todos los tamaños de empresa es sólida, tanto en términos de volumen como de valor, a pesar de haberse enfriado algo con respecto a un pico reciente en 2015. Los compradores en fusiones y adquisiciones gastaron casi 5 billones de dólares anualmente, más de 1,5 billones de ellos en EEUU.

Las dos categorías principales de fusiones y adquisiciones distinguen entre compradores “estratégicos” y “financieros”.

Las adquisiciones estratégicas implican corporaciones existentes absorbiendo competidores, nuevas líneas de servicio, nuevas marcas o nueva tecnología, con el objetivo de una mayor integración vertical y economías de escala y gestión que hace posibles esa integración. “Sinergia” es la horrible palabra clave que se usa frecuentemente para describir a grandes corporaciones, ya sea fusionándose con una empresa de tamaño similar, absorbiendo negocios adicionales más pequeños como filiales o adquiriendo empresas ya establecidas para cubrir huecos en sus ofertas de productos y servicios.

Sin embargo, la integración vertical tiene un precio potencial. Como señala Rothbard en El hombre la economía y el estado, las empresas que se han convertido en demasiado grandes y dominantes en un sector se arriesgan a perder la perspectiva de las pérdidas y ganancias con respecto a los precios de transferencia entre filiales, la cantidad que cada filial “compra” a las otras bienes y servicios. Los ejecutivos corporativos que compran demasiadas empresas similares pueden encontrarse con información imperfecta acerca de las pérdidas y ganancias internas y así (como los planificadores soviéticos) convertirse en incapaces de asignar eficazmente recursos y poner precio a bienes/servicios finales.

Por norma, los compradores estratégicos son menos sensibles a los tipos de interés y las señales del banco central, porque las grandes empresas existentes a menudo ponen efectivo sobre la mesa o intercambian sus propias acciones valiosas. Cuando Amazon se limita a aportar 13.700 millones de dólares en efectivo para comprar Whole Foods, no lo hace para ganar dinero rápido o aprovechar los tipos bajos de interés (aunque sí emitiera deuda corporativa para conseguir parte del dinero). No se está dedicando abiertamente al tipo de ingeniería financiera que denosta David Stockman, aunque este si critique frecuentemente la falta de beneficios y dividendos de Amazon en relación con su desmesurado ratio P/E. Esencialmente, los compradores estratégicos (especialmente las corporaciones bursátiles) tienen a menudo el lujo de poder tomar decisiones de largo alcance.

Por contrario, los compradores financieros generalmente son fondos de inversión o de riesgo privados cuyos inversores quieren comprar una empresa y venderla en un plazo de 3 a 5 años. Cómo describe Peter Thiel en Zero to One, por cada inversión que funciona, la mayoría se apagarán. Así que el objetivo es evitar un exceso de aspectos negativos y así ganar tiempo para descubrir la gran inversión ganadora, una historia que Thiel conoce bien por su experiencia con PayPal, Ebay y Facebook (advirtamos que las empresas de inversión privada a menudo invierten en grandes empresas bursátiles; la distinción entre estratégica y financiera se basa en la identidad el comprador más que en la entidad objetivo).

Durante los buenos tiempos de las fusiones y adquisiciones privadas, desde mediados de la década de 1990 hasta el crash de 2008, Alan Greenspan y Ben Bernanke mostraron su compromiso en hacer barato y fácil el crédito y asegurarse de que las bolsas no estallarían. Así que los inversores privados en acciones respondieron racionalmente, comprando empresas con una relación de deuda de 1 parte a 6,7, 8 o más. A menudo la parte 1 de deuda estaba dividida en tramos y distribuida entre diversos fondos, aislando el riesgo de pérdida todavía más.

Tened en cuenta que la mayoría de los pagos corporativos de intereses son deducibles a efectos fiscales, mientras que los pagos de dividendos no lo son. Así que tiene sentido cargar a una empresa con deuda barata y usar los ingresos para pagar rápidamente esa deuda (mientras se deduce la porción del interés) en lugar de financiar gastos no deducibles de capital para mejorar la productividad futura. ¿Por qué preocuparse acerca de capex, desarrollo de producto o mejora de fábricas cuando de todas maneras planeas vender la empresa en tres años? Cárgala de deuda, despide a la dirección, coloca supervisores, pon todos los dólares disponibles a atender la deuda y lárgate antes de que empiece a mostrarse cualquier grieta a largo plazo. Después de todo, siempre habrá otra empresa de inversión privada (o IPO) esperando a comprar.

Este modelo es el que llevó a Mitt Romney de ser sencillamente un hombre rico a ser un hombre muy rico.

Es poco sorprendente que los gestores de fondos y los CEO corporativos desarrollaran una mentalidad a corto plazo: la política monetaria casi lo reclamaba. Y es poco sorprendente que los valores de las empresas aumentaran hasta alturas de locura, con muchos tratos financieros cerrados con un precio de compra que multiplicaba las ganancias por 10 o por 12.

Todo esto está impulsado por el crédito barato y todo se derrumbó en 2008. Pero si el volumen de fusiones y adquisiciones es un indicador, no hemos aprendido nada.

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Cómo el proteccionismo desperdicia capital

Al principio de su carrera, Mises fue un defensor importante del movimiento librecambista y estuvo muy implicado en las propuestas políticas de asociaciones de libre comercio en Europa. En sus años posteriores, mantuvo su visión de laissez faire puro del comercio internacional, pero más centrado en la batalla de las ideas. Aunque desperdigados a lo largo de sus demás obras y no recogidos en un tomo sobre “economía internacional”, sus análisis sobre el comercio y la política comercial son meticulosos y detallados, pero precisos, así como indispensables para una compresión correcta de la producción y el intercambio internacionales.

Para quienes lean las noticias recientes sobre la escalada de medidas proteccionistas entre EEUU y sus socios comerciales, he aquí un extracto de Problemas epistemológicos de economía, de Mises (pp. 237-239). La explicación es hoy completamente aplicable, 85 años después de que se publicara. En un breve subcapítulo, Mises (por usar una de sus expresiones favoritas) hace explotar la falacia del argumento de la industria incipiente para la protección comercial y emplea un argumento original y a menudo olvidado, que destaca el papel del cálculo monetario y los bienes inconvertibles de capital en la producción y el comercio.

El argumento de las industrias incipientes presentado a favor de los aranceles proteccionistas representa un intento desesperado de justificar dichas medidas son una base puramente económica, sin atender a consideraciones políticas. Es un grave error no darse cuenta de la motivación política detrás de la reclamación de aranceles a favor de las industrias incipientes. Los mismos argumentos que se presentan a favor de proteger un producto nacional en contra de la competencia exterior podrían también aducirse a favor de proteger una parte de un área aduanera general frente a la competencia de otras partes. Sin embargo, el hecho de que la protección se pida solo contra la competencia extranjera, pero no también contra la nacional, señala claramente la naturaleza real de los motivos detrás de la reclamación.

Por supuesto, puede ocurrir en algunos casos que la industria ya existente no esté funcionando en la ubicación más favorable de las que hay actualmente accesibles. Sin embargo, la cuestión es si trasladarse a la ubicación más favorable ofrece ventajas suficientemente grandes como para compensar el coste de abandonar las fábricas ya existentes. Si las ventajas son suficientemente grandes, trasladarse es rentable y se lleva a cabo sin intervención de una política arancelaria. Si no es rentable por sí misma y solo lo es en virtud del arancel, este último llevarían al gasto de bienes de capital para la construcción de fábricas que de otra manera nos habían construido. Estos bienes de capital dejan de estar disponibles donde hubieran estado si el estado no hubiera intervenido.

Todo arancel bajo cuya protección se crean nuevas fábricas que de otra manera nos hubieran construido mientras las plantas más antiguas creadas en otros lugares sigan siendo utilizables lleva al desperdicio de capital. Por supuesto, a los fanáticos de ambas orillas del océano que quieren “hacer racional la economía” no les importa que pase esto.

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Así es un privilegio

05/30/2018Jeff Deist

Imaginad una forma de dinero casi mágica, una que todos necesiten en el mundo y de la que quieran más. Imaginad que ese dinero estuviera en grandes cantidades en los bancos centrales y en los bancos comerciales de todo el mundo y también que se prestara con esa denominación por defecto en la mayoría de los instrumentos de deuda. Imaginad que ese dinero fuera usado casi exclusivamente por gobiernos, empresas y personas en todo el planeta a la hora de comprar petróleo y liquidar transacciones internacionales. Imaginad que ese dinero se emite a capricho por parte de un banco central y un Tesoro públicos y aun así se usara y aceptara a cambio de bienes reales y servicios en todo el mundo. Imaginad que ese gobierno fuera capaz de gastar desbocadamente, tomar dinero prestado y devolverlo a tipos de interés cada vez más bajos usando de nuevo el dinero que solo él produce. Y finalmente, imaginad una disposición política que perpetúe todo, creada delante del telón de fondo de un orden emergente de posguerra liderado por una nueva superpotencia militar y nuclear dominante.

Podríamos llamar “privilegio” a toda esa disposición, que es exactamente lo que disfruta hoy cualquier estadounidense al que se le pague en dólares de EEUU (o tenga activos denominados en dólares de EEUU).

Henry Hazlitt, entonces un importante columnista financiero del New York Times, no se hacía ilusiones acerca de lo que iba a significar el acuerdo de Bretton Woods de 1944. Sabía que crearía un sucedáneo de patrón oro, daría a Estados Unidos una influencia desmedida en los asuntos mundiales y llevaría a una inflación destructiva y al fin de cualquier cosa que se pareciera a una moneda fuerte en la economía global. Lo peor de todo es que veía cómo Bretton Woods relacionaba a todos los grandes gobiernos y bancos centrales de todo el mundo en una nefasta unión monetaria, en la que un control juicioso y prudente en de las divisas nominalmente soberanas las pondrían en desventaja frente al dólar de EEUU.

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Estados Unidos, entendía Hazlitt, podía ahora exportar inflación.

Bajo Bretton Woods, todo el mundo necesitaba dólares, igual que antes necesitaba oro. Valéry Giscard d'Estaing, expresidente de Francia y en su momento ministro de finanzas de Charles de Gaulle, calificaba la situación posterior a Bretton Woods como un “privilegio exorbitante” para Estados Unidos. Entendía que este privilegio concedía a Estados Unidos poder y prestigio económicos más allá de los que merecía realmente.

Con unos pocos peniques, el Tesoro de Estados Unidos podía fabricar un billete de 100$, pero el resto del mundo tenía que intercambiar bienes y servicios reales para conseguirlo.

Lo que tal vez no podía haber imaginado es el poder militar, geopolítico y cultural que acumularía Estados Unidos a lo largo del siguiente medio siglo. Bajo la poco sagrada trinidad del Banco de la Reserva Federal, el Tesoro de EEUU y el Congreso de EEUU, el estado estadounidense creció hasta convertirse en el gobierno más grande y poderoso de la historia de la humanidad. Ninguna cantidad de prodigalidad fiscal se permite que dañe al mercado de la deuda del Tesoro de EEUU, ni siquiera cuando el derrochador Congreso tendría que ser tratado como una república bananera y acusado de emitir bonos basura para inversores de alto riesgo.

¿Qué significa que el dólar de EEUU sea la divisa mundial de reserva? Significa una posición privilegiada para Estados Unidos en el mundo y un nivel inmerecido de bienestar económico y material. Pone a otros bancos centrales en la posición incómoda de mantener enormes reservas de dólares de EEUU y por tanto de sufrir si el dólar se viene abajo, aunque sus respectivos gobiernos y pueblos entiendan lo dañino que es para ellos el privilegio del dólar de EEUU tanto económica como geopolíticamente. Significa tener toda la fuerza del ejército y el arsenal nuclear de EEUU actuando como respaldo de ese privilegio. Y significa una forma de intervencionismo monetario de hecho en todo el mundo.

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El impulso ideológico a favor de la legalización

05/11/2018Mark Thornton

A los economistas austriacos nos causa una gran frustración no ser capaces de cambiar rápidamente las políticas públicas a corto plazo a pesar de tener grandes ideas teóricas sobre economía y política. Sin embargo, sabemos que a largo plazo podemos ayudar a cambiar las políticas públicas cuando podemos usar ideas y teorías científicas para cambiar la opinión pública o la ideología, lo que a su vez cambiará las políticas públicas. Un buen ejemplo es el cannabis o marihuana, que ha sido ilegal nacionalmente desde la aprobación de la Ley Fiscal de la Marihuana de 1937, que se convirtió en prohibición y acabó llevando al cannabis a ser droga de Clase 1, al igual que la heroína. Estados Unidos se ha visto expuesto a un siglo de propaganda contra el cannabis. Es conocido que las películas de la década de 1930 como Reefer Madness afirmaban falsamente que el cannabis podía transformar a buenas personas en asesinos, volverlas locas y matarlas. En 1972, solo el 12% de los estadounidenses apoyaban la legalización del cannabis. Esta experiencia ha arruinado millones de vidas y probablemente pase a la historia como uno de los grandes errores de la historia humana.

Por supuesto, muy recientemente muchos estados han legalizado el cannabis médico y recreativo. Ahora mismo el 62% de los estadounidenses apoya la legalización de la marihuana recreativa y casi ninguno se opone a la marihuana médica. Los científicos llevan mucho tiempo evitando intervenir en este asunto. El Dr. Sanjay Gupta invirtió su postura para apoyar el cannabis y eso probablemente cambio las opiniones de muchos. Hoy tenemos la noticia de que Fiona Godlee, editora principal de la prestigiosa revista British Medical Journal confirmaba que la postura de la revista acerca de que las drogas ilegales deberían legalizarse y regularse desde una perspectiva de salud pública. Incluyo aquí opiniones escritas de economistas sobre política sobre drogas.

Su declaración completa:

Algunas cifras de la revista de esta semana merecen reflexión. La guerra contra las drogas cuesta a cada contribuyente de Reino Unido unas 400£ al año. Reino Unido es actualmente el mayor exportador de cannabis legal, aunque su uso recreativo y medicinal son un delito. Escocia tiene la mayor tasa de muertes relacionadas con las drogas de la UE, el doble que hace 10 años. El comercio legal de drogas ilícitas equivale a 236.000 millones de libras, pero este dinero promueve el crimen organizado y la miseria humana. ¿Por qué no debería en su lugar financiar servicios públicos?

Un creciente número de países están siguiendo una ruta más inteligente, dicen Jason Reed y Paul Whitehouse (doi:10.1136/bmj.k1999). En Portugal, donde se ha despenalizado la posesión no violenta de drogas, el consumo no ha aumentado, pero las muertes relacionadas con drogas han caído considerablemente. En Holanda, EEUU y ahora en Canadá, los mercados regulados de venta de cannabis generan importantes ingresos fiscales.

Entretanto, en Reino Unido se gastan enormes sumas en la persecución de personas y tratando en vano de interrumpir la entrada de drogas en las ciudades, junto con “fronteras de condado” para niños vulnerables. Reed y Whitehouse hablan en nombre de la Law Enforcement Action Partnership, que pide legislación y regulación. Dicen que el dinero podría usarse en su lugar en control de calidad, educación, tratamientos para los consumidores de drogas y protección de niños. Los ingresos podrían desviarse de las bandas criminales a las arcas públicas.

Cuando las fuerzas de orden público reclaman que se legalicen las drogas, tenemos que escucharlas. También cuando hablan los doctores. El mes pasado, el Real Colegio de Médicos dio el importante paso de declararse a favor de la despenalización (doi:10.1136/bmj.k1832), uniéndose a la BMA, la Facultad de Sanidad Pública y la Real Sociedad de la Sanidad Pública en apoyo a la reforma de la política sobre drogas (doi:10.1136/bmj.j3461).

No se trata de si se piensa que las drogas son buenas o malas. Es una postura basada en evidencias completamente en línea con la aproximación de la sanidad pública hacia los delitos violentos. En su Editorial, John Middleton y Jonathan Shepherd dicen que la epidemia de delitos con armas blancas y de fuego de Reino Unido se debe en parte a la creciente disponibilidad de fetanilo y cocaína en forma de crack (doi:10.1136/bmj.k1967). La recién publicada estrategia contra la violencia grave del gobierno de Reino Unido reconoce la relación entre la prohibición de las drogas y la violencia, pero propone gastar 40 millones de libras en políticas relacionadas con la prohibición. Reed y Whitehouse dicen que esto no hará nada que evite el delito relacionado con las drogas.

La BMJ está firmemente a favor de los esfuerzos por legalizar, regular y gravar la venta de drogas para uso recreativo y medicinal. Es un asunto en el que las voces de los doctores podrían y deberían ser escuchadas.

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Los estadounidenses pagan el secretismo de Washington

05/09/2018James Bovard

El secretismo es un programa de prestaciones para pícaros. Gracias a la ridículamente llamada Ley de Responsabilidad del Congreso de 1995, las víctimas de supuestos acosos sexuales por parte de miembros del Congreso reciben indemnizaciones secretas financiadas por el contribuyente. Esto significa que los votantes raramente saben que sus dólares fiscales protegen los manoseos de sus representantes. Se han gastado más de 17 millones de dólares en indemnizaciones a empleados del Congreso que presentaron quejas sobre el entorno laboral.

Al mismo tiempo que un telón de acero de secretismo cubre buena parte del Washington oficial, los funcionarios federales multiplican sus intrusiones contra todos los demás. Mientras la NSA absorbe los datos privados de los estadounidenses, las instituciones federales tomaron más de 50 millones de veces la decisión de clasificar documentos en 2016. La Ley de Libertad de Información, uno de los baluartes infravalorados del autogobierno, se ha convertido en un espejismo en las décadas recientes.

Cuanta más información guarda el gobierno, más fácil le resulta manipular la opinión pública. Al revelar solo detalles que refuerzan las políticas de la administración, se impide que los ciudadanos evalúen las últimas apropiaciones de poder o intervenciones. Como advertía en 2002 un tribunal federal de apelaciones:

Cuando el gobierno empieza a cerrar puertas, controla selectivamente información que pertenece por derecho al pueblo. Información selectiva es desinformación.

Trump ganó la presidencia en 2016 en parte debido al disgusto y la desconfianza estadounidense hacia Washington. Al perpetuar la enorme mayoría del secretismo oficial y crear nuevos disfraces, Trump yerra en sus mejores oportunidades contra lo que llama el Estado Profundo. La luz del sol sería mucho más eficaz para secar el pantano que los resoplidos de Trump.

Leer el artículo completo en The Hill (en inglés).

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